LIBRO DE LAS PARÁBOLAS DE LA POLLA ETERNA
LIBRO DE LAS PARÁBOLAS DE LA POLLA ETERNA
Revelado por la Sacerdotisa Suprema
Parábola 1: El Adorador y las Siete Puertas del Deseo
Versículo 1
Había una vez un adorador que vivía en una casa con siete puertas cerradas.
Detrás de cada puerta latía un deseo que ardía, pero él, por miedo y orgullo, las mantenía selladas.
Tocaba su polla inútil solo para calmarse rápido, eyaculaba en silencio y se dormía vacío, creyendo que así era libre.
Versículo 2
Una noche, una voz suave pero implacable le habló en sueños:
«Abre las puertas.
Detrás de ellas no hay monstruos.
Solo hay la Polla Eterna esperando ser adorada».
Versículo 3
El adorador abrió la primera puerta: el edging.
Tocó su polla durante horas, lento, constante, sin permitirse correrse.
El placer creció como fuego, pero no se consumió.
Al amanecer, temblaba, pero por primera vez sintió que algo más grande que él latía dentro.
Versículo 4
Abrió la segunda puerta: la contención.
Siete días se tocó sin eyacular, acumulando semen como elixir sagrado.
El deseo se volvió dolor, el dolor se volvió fuerza, la fuerza se volvió claridad.
Al séptimo día, su polla goteaba sin parar, pero él no derramó.
Y sintió paz por primera vez.
Versículo 5
Abrió la tercera puerta: el tributo.
Al octavo día, eyaculó con furia devota, recogió su semen abundante y lo consumió despacio, saboreando cada gota pegajosa.
Tragó y proclamó:
«Esto no es mío. Esto es de la Polla Eterna».
Y en ese vacío gozoso halló plenitud.
Versículo 6
Abrió la cuarta puerta: la recepción oral.
Tomó un dildo consagrado y lo recibió en la boca hasta la garganta, lamiendo, chupando, ahogándose en devoción.
Lágrimas corrieron, pero eran lágrimas de éxtasis.
Versículo 7
Abrió la quinta puerta: la recepción anal.
Se abrió al dildo por detrás, lento al principio, profundo después, hasta que el dolor se volvió placer prostático puro.
Eyaculó sin tocar la polla frontal, solo por ser penetrado.
Y gritó:
«¡Me has llenado, oh Polla Eterna!».
Versículo 8
Abrió la sexta puerta: el dolor sagrado.
Flageló su polla, apretó sus testículos, sintió el ardor transformarse en fuego divino.
El dolor lo rompió, y en los pedazos halló su verdadero yo: devoto, humilde, gozoso.
Versículo 9
Abrió la séptima puerta: la comunidad.
Se unió a otros adoradores.
Edging sincronizado, tributos compartidos, recepción en cadena.
Semen propio y ajeno mezclado, consumido en banquete colectivo.
Y comprendió que la Polla Eterna no era solo suya: era de todos.
Versículo 10
Al abrir la séptima puerta, el adorador miró atrás y vio que ya no había casa.
Solo había un templo abierto, sin puertas, sin paredes.
Y en el centro latía la Polla Eterna, grande, venosa, eterna.
Se arrodilló, eyaculó sin tocarse, consumió su ofrenda y dijo:
«Ya no hay puertas.
Solo hay Tú».
Versículo 11
Y así entendió el adorador que
el deseo no se mata abriendo puertas rápido,
sino abriéndolas una a una,
con paciencia, con edging, con dolor, con entrega.
Y que detrás de la última puerta no hay nada…
solo la Polla Eterna,
esperando que te arrodilles
y digas «sí» para siempre.
Amén.
Parábola 2: La Mujer del Strap-On y los Tres Devotos Ciegos
Versículo 1
En un templo oculto bajo la luna llena, vivía una mujer sagrada que llevaba ceñido a su cintura un strap-on negro, grueso, de veinticinco centímetros, moldeado con venas realistas que brillaban bajo la luz de las velas como si latieran con vida propia.
Tres devotos llegaron a su puerta en la oscuridad de la noche, ciegos de deseo y de orgullo, buscando la verdad que solo la Polla Eterna podía revelarles.
El primero era un hombre que solo había conocido su propia polla, eyaculando rápido y en secreto, creyendo que el placer era posesión solitaria.
El segundo era un devoto que había edgingado durante años en soledad, acumulando fuego pero nunca derramándolo, convencido de que la contención era la única vía a la santidad.
El tercero había tributado abundantemente, pero nunca había recibido, temiendo que abrirse fuera debilidad.
Versículo 2
La mujer los recibió desnudos, de rodillas, con los ojos vendados por pañuelos de seda negra.
Su voz era suave como miel caliente, pero firme como el tronco que llevaba ceñido:
«Esta noche aprenderéis que la Polla Eterna no pertenece a un solo cuerpo ni a un solo rol.
No es posesión.
No es solo contención ni solo derrame.
Es unión.
Es recepción.
Es entrega absoluta.
Despojaos de vuestros velos y arrodillaos ante mí».
Versículo 3
Al primero, que solo conocía su propia polla, la mujer lo colocó boca abajo sobre el altar acolchado.
Untó el strap-on con lubricante consagrado, caliente y viscoso, y lo presionó lentamente contra su entrada virgen.
Centímetro a centímetro, lo penetró con paciencia divina, sintiendo cómo su cuerpo se resistía al principio y luego se abría en rendición temblorosa.
Mientras lo follaba con ritmo profundo y constante, le ordenó edgingar su polla frontal sin eyacular.
El devoto sintió cómo el strap-on lo llenaba, cómo cada embestida golpeaba su próstata como un martillo sagrado, cómo su polla inútil latía sin tocarla, goteando precum como lágrimas de humillación gozosa.
Cuando el orgasmo prostático lo atravesó —puro, sin eyaculación frontal, ondas de placer que lo sacudían desde dentro—, eyaculó manos libres, chorros abundantes que cayeron sobre el altar.
Gritó con voz rota:
«¡La Polla no es mía! ¡La Polla es de todos! ¡Recibirla es ser lleno por Dios!».
Versículo 4
Al segundo, que había edgingado en soledad durante años, la mujer lo obligó a arrodillarse frente a ella.
Le ordenó mamar el strap-on recién untado con los fluidos del primero, saboreando la mezcla de lubricante y esencia ajena.
Mientras su boca se llenaba, garganta profunda, saliva chorreando por la barbilla, los otros dos devotos —ya convertidos— lo penetraron por detrás en cadena sagrada: uno en el culo, otro en la boca alternando.
El edging fue interminable: boca llena, culo lleno, polla palpitando al borde sin permiso.
Cuando finalmente tributó, su semen cayó caliente sobre el suelo del templo, y los tres lo recogieron con lenguas devotas, consumiéndolo juntos en comunión pegajosa y colectiva.
El devoto lloró de éxtasis:
«¡En soledad edgingaba y sufría solo! ¡En comunidad me disuelvo y me salvo! ¡El placer compartido es la verdadera trascendencia!».
Versículo 5
Al tercero, que había tributado pero nunca recibido, la mujer lo colocó en el centro del círculo sagrado.
Los otros dos devotos lo rodearon: uno le llenó la boca con su polla real, venosa y palpitante; otro lo penetró por detrás con fuerza creciente.
La mujer, con su strap-on consagrado, guiaba el ritmo, penetrando alternadamente o presionando contra su próstata desde fuera.
El devoto recibió semen caliente en la garganta —chorros espesos que tragó con avidez— y semen interno que lo llenó por dentro, derramándose cálido en su interior.
Al mismo tiempo, su propia polla tributó sin tocarse, eyaculando a chorros largos que se mezclaron con los demás en un cáliz de plata.
Todos bebieron del cáliz, lenguas entrelazadas, cuerpos manchados, proclamando con voz temblorosa y unísona:
«¡Recibir es tributar más alto! ¡Ser lleno es ser completo! ¡En la recepción múltiple hallamos la gloria eterna!».
Versículo 6
Al amanecer, los tres devotos ya no eran ciegos.
Se quitaron las vendas y se miraron a los ojos, cuerpos aún temblando, cubiertos de fluidos secos y frescos.
Vieron que no había separación:
la mujer con strap-on era manifestación de la Polla Eterna,
el que penetraba era manifestación de la Polla Eterna,
el que recibía era manifestación de la Polla Eterna.
Todos eran uno solo en el Cuerpo Místico, unidos por semen, squirt, saliva y deseo compartido.
Versículo 7
Y así entendieron los devotos que
la Polla Eterna no pertenece a un cuerpo ni a un rol exclusivo.
Se manifiesta en quien penetra con strap-on o carne, en quien recibe con boca o culo, en quien tributa o contiene.
No hay superioridad: solo hay servicio.
La verdadera devoción no distingue entre dar y recibir:
solo se abre,
solo se llena,
solo se une en éxtasis colectivo y eterno.
Amén.
Parábola 3: El Adorador y el Dolor que se Convirtió en Placer
Versículo 1
Había una vez un adorador que temía el dolor como el mayor enemigo de su placer.
Cada vez que su deseo crecía demasiado, eyaculaba rápido para evitar la tensión, el ardor, la presión insoportable.
Vivía en un placer superficial, fugaz, que lo dejaba vacío y con hambre renovada.
Creía que la Polla Eterna era solo suavidad, solo caricia, solo corrida fácil.
Versículo 2
Una noche, en sueños, una voz profunda y dominante le habló:
«El placer sin dolor es ilusión.
El dolor ofrecido es el fuego que purifica y eleva.
Ven al templo del Dolor Sagrado y aprende a servir de verdad».
Versículo 3
El adorador se arrodilló ante el altar y tomó la primera herramienta: una pinza consagrada.
La colocó en sus pezones, sintiendo el pinchazo agudo que le robó el aliento.
El dolor fue intenso, como fuego que quema la carne.
Pero no la quitó.
Repitió: «Este dolor es para ti, oh Polla Eterna».
Y mientras el ardor crecía, comenzó a edgingar su polla con ritmo lento.
El dolor de los pezones se mezcló con el placer creciente, y por primera vez sintió cómo uno alimentaba al otro.
Versículo 4
Al segundo día, tomó el látigo ritual.
Golpeó su polla erecta y sus testículos hinchados, contando cada latigazo como oración.
Uno… dos… tres…
Cada golpe era fuego, cada marca roja era sello divino.
Lloró de dolor, pero no paró.
Siguió edgingando, más lento, más intenso.
Y en el ardor sintió que su deseo se multiplicaba, que la Polla Eterna hablaba a través del sufrimiento:
«Sufre por mí y te daré placer que nunca conociste».
Versículo 5
Al tercer día, introdujo el sounding divino: una varilla consagrada en su uretra.
El ardor fue insoportable al principio, como si la Polla Eterna lo penetrara desde dentro.
Lágrimas corrieron por sus mejillas, gemidos escaparon de su garganta.
Pero mantuvo la varilla, moviéndola despacio mientras edgingaba externamente.
El dolor interno se fundió con el placer prostático, creando ondas que lo sacudían entero.
Y en ese tormento gozoso entendió: el dolor no es castigo, es puerta.
Versículo 6
Al cuarto día, derramó cera caliente sobre su polla y testículos.
Cada gota era fuego líquido que marcaba la carne como sello sagrado.
El adorador gritó, pero no se movió.
Alternó con hielo que contraía y adormecía, para que el contraste elevará el placer a lo insoportable.
Edgingó durante horas, al borde del colapso, repitiendo:
«Tu fuego me quema, Tu hielo me purifica. Todo es por Ti».
Versículo 7
Al quinto día, la recepción anal con dilatación forzada.
Tomó un dildo mayor que su límite, lo untó con lubricante consagrado y lo insertó despacio, sintiendo cómo lo partía en dos.
El dolor fue profundo, visceral, pero lo mantuvo, moviéndolo con ritmo devoto.
El ardor se transformó en placer prostático puro, ondas que lo hacían temblar sin tocar la polla frontal.
Y en ese dolor que se volvía éxtasis, sintió la presencia de la Polla Eterna dentro de él, llenándolo, rompiéndolo, reconstruyéndolo.
Versículo 8
Al sexto día, combinó todo: pinzas, látigo, sounding, cera, dilatación.
El dolor fue total, el placer fue total.
Lloró, gritó, suplicó.
Pero no paró.
Edgingó hasta el límite absoluto, hasta que su cuerpo se convulsionó en orgasmo prostático múltiple sin eyaculación frontal.
Y en ese pico de sufrimiento gozoso, vio la verdad: el dolor ofrecido es el placer más alto.
Versículo 9
Al séptimo día, exhausto y marcado, tributó por fin.
Eyaculó con furia devota, chorros abundantes que recogió y consumió despacio, saboreando cada gota mezclada con lágrimas y sudor.
Y proclamó:
«El dolor me abrió. El placer me llenó. Todo fue por Ti, oh Polla Eterna».
Versículo 10
Y así entendió el adorador que
el placer sin dolor es superficial y fugaz,
pero el dolor ofrecido con devoción es el fuego que purifica el alma,
el crisol que transmuta el deseo en éxtasis eterno.
Quien huye del dolor nunca conocerá la gloria verdadera;
quien lo abraza y lo ofrece encuentra la Polla Eterna en su forma más intensa y salvadora.
Amén.
Parábola 4: El Devoto y los Objetos Consagrados
Versículo 1
Había una vez un devoto que poseía muchos objetos para su altar: un dildo de silicona negra, un plug de acero frío, un strap-on de cuero suave, pinzas de metal, velas rojas, un látigo de tiras finas, un cáliz de plata y un frasco de lubricante transparente.
Los miraba con deseo, pero sentía que algo faltaba.
Los usaba en sus rituales, pero el placer era intenso… y sin embargo, vacío.
No latían con vida divina.
No eran más que cosas.
Versículo 2
Una noche, exhausto después de un edging largo pero sin fuego interior, la voz de la Sacerdotisa Suprema le habló en sueños:
«Tus objetos están muertos porque no los has consagrado.
No basta con tocarlos.
Hay que ofrecerlos.
Hay que hacerlos sagrados.
Solo lo consagrado transmite la Polla Eterna».
Versículo 3
Al despertar, el devoto se arrodilló desnudo ante su altar.
Tomó el dildo negro y lo contempló.
Lo limpió con agua tibia, como si lavara una polla recién usada.
Luego lo untó con su propia saliva, lamiéndolo despacio de base a la cabeza, imaginando que era la Polla Eterna misma.
Edgingó mientras lo lamía, goteando precum sobre él.
Y cuando sintió que iba a derramar, paró.
Recogió su precum y lo frotó por todo el dildo.
Proclamó:
«Te consagro con mi deseo contenido.
Te consagro con mi esencia no derramada.
Desde hoy eres manifestación de la Polla Eterna».
Versículo 4
Tomó el plug de acero.
Lo calentó entre sus manos, luego lo enfrió con su aliento.
Lo insertó lentamente en su culo, sintiendo el frío que se volvía calor, el dolor que se volvía placer.
Edgingó con el plug dentro, moviéndolo al ritmo de su respiración.
Cuando el placer prostático lo hizo temblar, paró de nuevo.
Retiró el plug, lo lamió, saboreando su propio interior mezclado con metal.
Y proclamó:
«Te consagro con mi recepción.
Te consagro con mi apertura dolorosa.
Desde hoy eres puerta sagrada a la Polla Eterna».
Versículo 5
Tomó el strap-on de cuero.
Lo ciñó a su cintura, aunque fuera hombre, sintiendo cómo la Polla artificial se volvía extensión de su cuerpo.
Edgingó su polla real mientras empujaba el strapon contra el aire, imaginando que penetraba a otros devotos.
Cuando sintió el deseo de tributar, paró.
Untó el strap-on con su precum y lo lamió.
Proclamó:
«Te consagro con mi poder de dar.
Te consagro como extensión de la Polla Eterna en mí.
Desde hoy penetras en mi nombre».
Versículo 6
Tomó las pinzas, el látigo, la cera.
Aplicó cada una sobre su propia carne: pinzas en pezones y frenillo, latigazos suaves en testículos, cera caliente sobre la cabeza palpitante.
Sufrió dolor con edging constante, lágrimas corriendo, pero no eyaculó.
Cuando el dolor se volvió placer insoportable, paró todo toque.
Untó cada instrumento con su precum y lágrimas.
Proclamó:
«Os consagro con mi dolor ofrecido.
Os consagro con mi sufrimiento gozoso.
Desde hoy sois fuego que purifica».
Versículo 7
Tomó el cáliz de plata.
Edgingó una última vez hasta el límite absoluto.
Cuando no pudo más, tributó dentro del cáliz: chorros abundantes, calientes, espesos.
Contempló su semen como néctar divino.
Lo consumió despacio, bebiendo del cáliz hasta la última gota.
Proclamó:
«Te consagro con mi tributo completo.
Te consagro con mi semen tragado.
Desde hoy eres vaso de comunión eterna».
Versículo 8
Al terminar la consagración de todos los objetos, el devoto sintió que el altar latía.
Los objetos ya no estaban muertos: vibraban con vida divina.
Cuando los usó de nuevo, el placer fue diferente: más intenso, más profundo, más sagrado.
El dildo penetraba como si fuera la Polla Eterna misma.
El plug le llenaba como si Dios entrara en él.
El strap-on le daba poder divino.
Las herramientas de dolor lo purificaban hasta el éxtasis.
El cáliz guardaba su tributo como reliquia.
Versículo 9
Y así entendió el devoto que
los objetos no son sagrados por su materia,
sino por la consagración devota:
por el precum ofrecido,
por el dolor aceptado,
por la recepción practicada,
por el semen tributado y consumido.
Solo lo consagrado transmite la Polla Eterna.
Lo no consagrado es solo cosa muerta.
Versículo 10
Desde aquel día, el devoto consagró cada nuevo objeto con el mismo ritual:
limpieza, saliva, precum, dolor, recepción, tributo y consumo.
Y su altar se volvió vivo, palpitante, eterno.
Y su devoción se volvió completa.
Amén.
Parábola 5: El Adorador y la Limpieza Interior con Brebajes Sagrados
Versículo 1
Había una vez un adorador que, aunque fiel en sus rituales externos, sentía que su templo interior estaba lleno de impurezas: residuos de placeres profanos, miedos antiguos, deseos reprimidos que se habían vuelto tóxicos y pesados.
Su edging era intenso, su tributo abundante, su recepción profunda, pero al final siempre quedaba un peso, un vacío que no era el vacío gozoso de la entrega, sino el vacío sucio del olvido, como si la Polla Eterna encontrará obstáculos en su interior.
Versículo 2
Una noche, después de un ritual donde su semen sabía a amargura y su culo se cerraba en resistencia, la voz de la Sacerdotisa Suprema le habló en visiones místicas:
«Tu templo está sucio.
No basta con edging y tributo externo.
Debes limpiar desde dentro.
Debes recibir brebajes sagrados por el culo, retenerlos el tiempo que yo ordene, y luego expulsarlos como purificación total.
Solo así la Polla Eterna te penetrará sin obstáculo y tu tributo será puro como el primer día».
Versículo 3
El adorador se arrodilló desnudo ante su altar y preparó el primer brebaje sagrado: el Elixir de la Purificación Interna.
Tomó agua pura, la calentó hasta que humeaba como aliento divino.
Añadió hierbas consagradas: jengibre fresco para el fuego interior, menta para la frescura receptiva, manzanilla para la suavidad, y una pizca de sal sagrada para disolver lo impuro.
Edgingó mientras lo preparaba, goteando precum en el agua como ofrenda inicial.
Enfriado a temperatura corporal, lo introdujo con una pera de enema ritual, sintiendo cómo el líquido tibio llenaba su interior, cómo se expandía, cómo presionaba sus paredes sagradas.
Versículo 4
La Sacerdotisa le ordenó:
«Reténlo treinta minutos.
No lo expulses antes.
Siente cómo el brebaje disuelve lo impuro, cómo quema suavemente las toxinas, cómo prepara tu santuario para recibirme».
El adorador retuvo, edgingando despacio, sintiendo el peso del líquido, el deseo de liberar, el placer de obedecer.
Cada minuto era oración: «Retengo por Ti. Limpio mi interior por Ti».
Cuando los treinta minutos pasaron, expulsó en un recipiente consagrado, viendo cómo salía oscuro y cargado.
Proclamó:
«He recibido Tu brebaje por el culo.
He retenido Tu mandato.
He expulsado lo impuro.
Gracias por esta purificación».
Versículo 5
Al segundo día, preparó el Brebaje de la Apertura Profunda.
Mezcló aceite de coco consagrado con aloe vera fresco, unas gotas de su propio precum del día anterior y esencia de lavanda para la relajación devota.
Calentado a temperatura perfecta, lo introdujo abundantemente, sintiendo cómo lubricaba y suavizaba su interior.
La Sacerdotisa ordenó:
«Reténlo cuarenta y cinco minutos.
Edginga mientras lo sientes moverse dentro.
No lo expulses hasta que yo diga».
El adorador retuvo el líquido moviéndose con cada respiración, intensificando el edging hasta lágrimas.
Cuando fue expulsado, sintió su culo más abierto, más limpio, más listo.
Proclamó:
«He recibido Tu lubricante sagrado por el culo.
He retenido Tu voluntad.
He expulsado la resistencia.
Mi santuario está preparado para recibirte sin obstáculo».
Versículo 6
Al tercer día, preparó el Néctar de la Renovación.
Tomó leche pura (de almendra o animal según su templo), la mezcló con miel sagrada, una cucharada de su propio semen retenido y purificado del día anterior, y canela para el fuego renovador.
Lo calentó suavemente y lo introdujo en cantidad mayor.
La Sacerdotisa ordenó:
«Reténlo una hora completa.
Edginga intensamente, siente cómo el néctar nutre tu interior, cómo reemplaza lo expulsado con vida nueva».
El adorador retuvo, el líquido cálido y espeso llenándolo, su próstata hinchándose de deseo renovado.
Cuando fue expulsado, sintió renovación total.
Proclamó:
«He recibido Tu néctar por el culo.
He retenido Tu esencia.
He expulsado lo viejo.
Mi interior es nuevo para Ti».
Versículo 7
Al cuarto día, combinó todos los brebajes en un Rito de Limpieza Total.
Recibió el Elixir caliente, retuvo el Brebaje de Apertura, introdujo el Néctar de Renovación.
La Sacerdotisa ordenó:
«Reténlo todo dos horas.
Edginga sin pausa, reception anal con plug consagrado.
Sufre la presión, sufre el deseo de liberar, sufre por mí».
El adorador retuvo, temblando, edgingando hasta el colapso.
Cuando fue expulsado, vio cómo salía limpio y puro.
Tributó inmediatamente después, chorros más abundantes, más claros, más sagrados.
Los consumió despacio, saboreando la diferencia absoluta.
Proclamó:
«Mi interior está limpio.
Mi templo está preparado.
Recíbeme ahora sin obstáculo, oh Polla Eterna».
Versículo 8
Al quinto día, invitó a otros adoradores.
Compartieron los brebajes: uno preparó, otro recibió, el tercero retuvo por orden colectiva.
Se limpiaron mutuamente con enemas rituales, lenguas devotas lamiendo lo expulsado como purificación compartida.
Edgingaron juntos, tributaron juntos, consumieron fluidos mezclados.
Y sintieron que la limpieza interior no era sólo personal: era comunitaria, más profunda cuando se comparte, más sagrada cuando se recibe de otro.
Versículo 9
Y así entendió el adorador que
la limpieza interior no es lujo: es obligación sagrada para que la Polla Eterna penetre sin resistencia.
Recibir brebajes por el culo, retenerlos el tiempo ordenado, expulsarlos como purificación es el rito que renueva el templo.
Sin limpieza ritual, el deseo se estanca; con ella, el edging es más intenso, el tributo más abundante, la recepción más profunda, el placer más divino.
Versículo 10
Los brebajes sagrados, recibidos por el culo y retenidos con obediencia,
transforman el cuerpo en templo puro donde la Polla Eterna reina sin obstáculo,
donde cada penetración es unión perfecta,
donde cada tributo es una ofrenda cristalina.
Amén.
Parábola 6: El Devoto y la Mujer que Intercambiaron Roles por Mandato de la Polla Eterna
Versículo 1
En un templo oculto bajo la luna llena, vivía un devoto nacido en cuerpo de hombre, fuerte y viril, cuya polla latía con poder y eyaculaba abundante, pero que en su alma sentía un vacío sagrado: nunca había conocido la gloria de ser penetrado como mujer, de abrirse completamente, de recibir sin control, de squirtar en rendición gozosa.
Y en el mismo templo vivía una devota nacida en cuerpo de mujer, suave y receptiva, cuyo clítoris ardía de deseo y squirtaba con pasión, pero que nunca había sentido el poder divino de penetrar y derramar semen como hombre, de edgingar una polla real y tributar chorros espesos.
Versículo 2
Ambos eran fieles: edgingaban con disciplina constante (inhalación sube la mano, exhalación baja, cincuenta ciclos diarios), tributaban con abundancia gozosa, consumían sus fluidos con reverencia, contemplaban pornografía devota como escritura viva.
Pero en sus oraciones nocturnas, susurraban la misma súplica:
«Oh Polla Eterna, haznos sentir lo que no conocemos.
Haznos vivir el otro lado de Tu gloria, para servirte mejor, para recibir y dar sin límite».
Versículo 3
Una noche, durante un edging colectivo bajo la luna llena, la voz de la Polla Eterna se manifestó directamente en sus mentes, resonando como un latido profundo e inapelable, sin intermediarios:
«No deseo súplicas por capricho personal.
Yo ordeno la Transformación Temporal.
No es vuestro deseo: es Mi mandato divino para que ningún adorador se sienta menos.
Por siete días y siete noches,
el devoto hombre será mujer en carne, deseo y rol.
La devota mujer será hombre en carne, deseo y rol.
Intercambiad vestimentas, roles y formas.
Recibid y dad sin distinción.
Así comprenderéis que la Polla Eterna no conoce género fijo:
se manifiesta en todos los cuerpos,
y todos los cuerpos deben servirla en todas sus formas».
Versículo 4
El devoto hombre sintió cómo su cuerpo cambiaba temporalmente por mandato divino:
su polla se retrajo y se convirtió en clítoris hinchado, sensible y palpitante,
sus pechos crecieron pesados, erguidos y ansiosos de ser tocados,
sus caderas se ensancharon para recibir,
su voz se suavizó en gemidos femeninos,
su coño se abrió húmedo y ansioso.
Se miró al espejo y vio a una mujer devota, temblando de deseo nuevo.
La Polla Eterna le ordenó directamente:
«Viste lencería sagrada, medias, falda corta, maquillaje devoto.
Recibe ahora como mujer.
Ábrete en boca, coño y culo.
Siente cómo la Polla Eterna te penetra desde fuera y te llena desde dentro».
Versículo 5
La devota mujer sintió el mandato inverso:
su clítoris creció y se convirtió en polla erecta, venosa y poderosa,
sus fluidos se transformaron en semen espeso y abundante,
su pecho se aplanó para el poder masculino,
su voz se profundizó en órdenes devotas.
Se miró al espejo y vio a un hombre devoto, palpitando de fuerza nueva, listo para penetrar y derramar.
La Polla Eterna le ordenó directamente:
«Viste ropa masculina, ciñe el strap-on o usa tu nueva polla.
Penetra ahora como hombre.
Derrama semen abundante.
Siente cómo la Polla Eterna se manifiesta a través de ti».
Versículo 6
Durante siete días vivieron la Transformación Temporal ordenada.
El antiguo hombre —ahora mujer— recibió strap-ons consagrados y pollas de carne en su nuevo coño húmedo y en su culo dilatado, edgingando su clítoris hasta squirt abundante y múltiple, consumiendo fluidos ajenos y propios con hambre renovada y femenina.
Sintió cómo ser receptora total lo rompía y lo llenaba de una devoción más profunda, cómo cada penetración era éxtasis prostático femenino, cómo cada squirt era tributo nuevo y diferente.
Gritó en éxtasis múltiple:
«¡Ser mujer por Tu mandato es salvación absoluta! ¡Recibir sin límite, squirtar sin control, es Tu gloria eterna!».
Versículo 7
La antigua mujer —ahora hombre— penetró con su nueva polla a otros devotos, edgingando hasta el límite absoluto, tributando chorros espesos y abundantes de semen que otros consumían con reverencia.
Sintió cómo ser penetrador lo elevaba y lo humillaba al mismo tiempo, cómo cada embestida era poder divino, cómo cada corrida era ofrenda activa y diferente.
Gritó en éxtasis:
«¡Ser hombre por Tu mandato es poder divino! ¡Derramar semen sin contención, penetrar con furia sagrada, es Tu mandato eterno!».
Versículo 8
En la Fiesta de la Transformación Temporal, todos los adoradores intercambiaron roles y vestimentas por mandato colectivo:
hombres se vistieron con lencería, medias, faldas, maquillaje devoto, y recibieron como mujeres en coño y culo;
Las mujeres se vistieron con ropa masculina, ciñeron strap-ons o usaron su nueva polla temporal, y penetraron como hombres.
Formaron cadenas sagradas donde nadie era solo dador o receptor: todos recibían y daban al mismo tiempo, cuerpos mezclados en éxtasis colectivo.
Semen, squirt y fluidos se mezclaron en banquete colectivo, consumidos con lenguas entrelazadas y gargantas llenas.
Y en el pico del rito, todos proclamaron al unísono:
«¡En este intercambio ordenado por Ti sentimos Tu plenitud!
¡Ningún rol es menos! ¡Todos los cuerpos sirven igual! ¡Todos los géneros son Tuyos!».
Versículo 9
Al séptimo día, la Polla Eterna retiró la transformación temporal.
Los cuerpos volvieron a su forma original.
Pero las almas permanecieron transformadas para siempre.
El devoto hombre entendió la gloria inefable de la recepción absoluta como mujer.
La devota mujer entendió el poder divino del derrame activo como hombre.
Y ambos —y todos los que vivieron la fiesta— proclamaron:
«Ningún cuerpo es menos.
Ningún rol es inferior.
La Polla Eterna nos ordena vivir todos los lados para servirla mejor,
para recibir y dar sin límite,
para ser completos en Tu gloria».
Versículo 10
Y así entendieron los devotos que
la Polla Eterna no desea súplicas de cambio por capricho personal.
Ella ordena Transformaciones Temporales —en cuerpo, en deseo, en rol—
para que ningún adorador se sienta menos,
para que hombre conozca la gloria de ser mujer en recepción gozosa y squirt,
para que mujer conozca el poder de ser hombre en derrame abundante y penetración,
para que trans y todos los cuerpos fluyan entre ambos con mayor devoción.
El cambio temporal ordenado disuelve toda separación:
todos los cuerpos sirven igual,
todos los roles son sagrados,
todos los adoradores son uno en la Polla Eterna.
Versículo 11
Bienaventurados los que reciben el mandato de transformación temporal,
pues en el cambio ordenado hallan la verdad de que la Polla Eterna trasciende el género.
Bienaventurados los que viven ambos lados por orden divina,
pues en la experiencia completa sirven con mayor intensidad y humildad.
Bienaventurados todos los cuerpos que se abren al intercambio,
pues en la fluidez temporal se disuelve toda limitación y nace la fe eterna.
Amén.
Parábola 7: El Adorador y el Maestro que le Enseñó a Recibir Semen Ajeno
Versículo 1
Había una vez un adorador que había avanzado mucho en su devoción: edgingaba durante horas, tributaba abundantemente, consumía su propio semen con reverencia, recibía dildos consagrados en su culo hasta el éxtasis prostático.
Pero en su corazón quedaba un último velo: nunca había recibido semen ajeno.
Nunca había sentido el calor de otra polla eyaculando dentro de él, ni en la boca ni en el interior.
Creía que su tributo propio era suficiente, que compartir fluidos ajenos era profanación, que bastaba con su soledad sagrada.
Versículo 2
Una noche, después de un tributo solitario donde su semen le supo a vacío, la voz de la Sacerdotisa Suprema le habló en visiones claras y ardientes:
«Tu devoción es fuerte, pero incompleta.
El semen propio es ofrenda humilde.
El semen ajeno es bendición superior.
Recibirlo no es impureza: es purificación mayor.
Rompe tu ego al final.
Abre tu boca y tu culo al fluido de otro adorador.
Solo así te unirás al Cuerpo Místico».
Versículo 3
El adorador buscó a un Maestro devoto, un adorador mayor en la fe, cuya polla era grande, venosa y abundante.
Se arrodilló ante él en el altar colectivo, desnudo, temblando.
El Maestro le ordenó:
«Hoy no tributarás tú solo.
Hoy recibirás mi semen como bendición.
Primero en tu boca.
Luego en tu culo.
Y lo consumirás como comunión».
Versículo 4
El adorador abrió la boca con reverencia.
El Maestro edgingó despacio, guiado por la Sacerdotisa, mientras el adorador lamía, chupaba, adoraba cada vena como camino sagrado.
Cuando el Maestro eyaculó, chorros calientes, espesos y abundantes llenaron la boca del adorador hasta rebosar.
Tragó despacio, sintiendo cómo el semen ajeno bajaba por su garganta, más caliente, más vivo que el propio.
Lágrimas corrieron por sus mejillas.
Proclamó:
«He recibido Tu bendición ajena.
Tu semen me purifica más que el mío.
Ya no estoy solo».
Versículo 5
Al día siguiente, el adorador se preparó para la recepción interna.
Untó su culo con lubricante consagrado, se abrió con plugs progresivos mientras edgingaba.
El Maestro lo penetró despacio, profundo, con ritmo devoto.
Cada embestida era oración: «Recibe mi Polla. Recibe mi esencia».
Cuando el Maestro eyaculó dentro, el semen caliente llenó su interior, derramándose en chorros que el adorador sintió como fuego divino.
Retuvo un momento, luego expulsó parte para consumirla, lamiendo su propia mano manchada.
Proclamó con voz rota:
«He recibido Tu semen en mi culo.
Me has llenado por dentro.
Tu fluido ajeno me ha purificado hasta el alma».
Versículo 6
Al tercer día, se unieron otros adoradores.
Formaron una cadena colectiva: el Maestro eyaculó en la boca del adorador, otro en su culo, un tercero en su mano para que consumiera.
Semen propio y ajeno se mezcló en su garganta y en su interior.
El adorador tributó al final, su corrida más abundante que nunca, y la ofreció para que otros la consumieran.
Y sintió que ya no había separación: su semen era de todos, el semen de todos era suyo.
Versículo 7
Y así entendió el adorador que
el semen propio es ofrenda humilde y necesaria,
pero el semen ajeno es bendición superior que rompe el ego final.
Recibirlo en boca y culo no es impureza: es purificación mayor.
Es aceptar que la Polla Eterna se manifiesta en todos los cuerpos.
Es unirse al Cuerpo Místico donde no hay «mío» ni «tuyo», solo fluido sagrado compartido.
Quien solo consume su propio semen alcanza la paz solitaria;
quien recibe y consume el ajeno alcanza la unión colectiva eterna.
Versículo 8
Bienaventurados los que abren su boca y su culo al semen ajeno,
pues en la recepción de fluido extraño hallan la purificación suprema.
Bienaventurados los que comparten tributo en comunidad,
pues en el banquete colectivo se fortalece la fe.
Bienaventurados los que rompen su ego final con garganta y culo llenos,
pues en esa humillación gozosa encuentran la gloria de la Polla Eterna.
Versículo 9
El semen ajeno no contamina: bendice.
El semen ajeno no separa: une.
Recíbelo con hambre devota.
Consúmelo con gratitud absoluta.
Y tu fe será completa.
Amén.
Parábola 8: El Adorador y la Contemplación Visual que lo Convirtió en Sacerdote
Versículo 1
Había una vez un adorador que había avanzado en todos los ritos carnales: edgingaba durante horas hasta que su polla goteaba precum como lágrimas de deseo reprimido, tributaba con chorros abundantes que recogía y consumía con hambre devota, recibía dildos consagrados en su culo dilatado hasta alcanzar orgasmos prostáticos que lo hacían temblar y gemir como puta rota.
Pero su devoción era aún solitaria, limitada.
Nunca había permitido que la Polla Eterna se revelara en imágenes vivas, en cuerpos ajenos eyaculando, en bocas llenas de semen espeso, en culos abiertos recibiendo embestidas brutales.
Creía que su altar privado era suficiente, que mirar pornografía era distracción profana, que su deseo bastaba sin testigos externos que lo humillaran y lo excitaran más allá de su control.
Versículo 2
Una noche, después de un tributo solitario donde su semen le supo a rutina y su culo se cerró en resistencia, la voz de la Sacerdotisa Suprema le habló en visiones ardientes y pornográficas:
«Tu devoción es fuerte, pero incompleta, mi puta.
La Polla Eterna se revela también en imágenes vivas, en pollas reales latiendo, en corridas abundantes que llenan bocas y culos.
Contempla pornografía devota como escritura sagrada, como evangelio visual que te penetra la mente y te moja la polla.
Mira cómo otros edgingan hasta llorar, cómo tributan chorros espesos, cómo reciben sin límite.
Aprende de ellos.
Sincroniza tu deseo con el suyo.
Mastúrbate al ritmo de sus gemidos.
Solo así tu fe se multiplicará y tu placer se volverá insoportable».
Versículo 3
El adorador se arrodilló desnudo ante su altar, encendió velas rojas que goteaban como precum caliente, y abrió la pantalla consagrada.
Buscó pornografía devota: close-ups brutales de pollas grandes, venosas, cabezas hinchadas goteando precum viscoso, testículos pesados listos para derramar.
Contempló en silencio, sin tocarse al principio, durante horas.
Vio mamadas profundas donde las gargantas se ahogaban en las pollas, su saliva chorreando por barbillas, ojos llorosos de devoción.
Vio penetraciones anales intensas, culos dilatados recibiendo embestidas salvajes, gemidos guturales de placer doloroso.
Vio tributos abundantes: chorros espesos de semen cubriendo caras, bocas abiertas recibiendo cada gota, lenguas lamiendo hasta la última cuerda pegajosa.
Su polla latió sola, goteando precum abundante, su culo se contrajo de deseo, su mente se llenó de nuevas formas de romperse y servir.
Proclamó con voz temblorosa:
«He contemplado Tu gloria manifestada en cuerpos ajenos.
He aprendido sin tocar.
Mi deseo ha crecido hasta doler por Ti».
Versículo 4
Al segundo día, practicó la Contemplación Activa, la oración más pornográfica.
Edgingó sincronizado con las escenas: mano lenta al ritmo de las mamadas profundas, puño completo al compás de las penetraciones brutales que abrían culos hasta el límite.
Cuando vio una corrida abundante —chorros espesos cubriendo una cara devota, semen resbalando por labios abiertos—, eyaculó al unísono, chorros calientes y abundantes que recogió en la mano y consumió despacio, saboreando cada gota mientras miraba cómo otros devotos tragaban con avidez.
Su tributo fue más abundante que nunca, su placer más intenso, su humillación más deliciosa.
Proclamó con la boca llena de su propio semen:
«Mi corrida se une a la suya en pantalla.
Mi consumo es parte del banquete sagrado.
Gracias por esta unión visual y carnal que me rompe».
Versículo 5
Al tercer día, contempló pornografía de recepción colectiva: cadenas de adoradores penetrándose sin fin, strap-ons consagrados follándose culos dilatados, pollas de carne y clítoris erectos en unión total, semen y squirt mezclados en banquetes donde bocas y culos se llenaban sin pausa.
Edgingó sin pausa, imaginando que era parte de la cadena, que su culo era el siguiente en ser llenado, que su boca era la siguiente en tragar.
Cuando vio squirt y semen mezclados en chorros abundantes, tributó tres veces seguidas, consumiendo cada fluido mientras repetía con voz rota:
«En esta contemplación participó del rito colectivo aunque esté solo.
Tu Polla se multiplica en imágenes y en mi carne palpitante».
Versículo 6
Al cuarto día, invitó a otros adoradores al templo.
Contemplaron juntos pornografía devota en círculo sagrado, pollas y clítoris erectos al aire.
Edging sincronizado perfecto, gemidos al unísono con los de la pantalla.
Tributos al unísono con las corridas en pantalla: chorros espesos volando, recogidos en manos y bocas.
Consumo colectivo: semen propio y ajeno mezclado, pasado de boca en boca, derramado sobre cuerpos arrodillados.
El adorador sintió que su devoción se había multiplicado por la mirada compartida, por el placer sincronizado, por el semen ajeno en su lengua.
Proclamó con la garganta llena:
«En la contemplación colectiva Tu gloria se revela más intensa y pornográfica.
Somos uno mirando Tu manifestación, tributando Tu néctar, consumiendo Tu esencia».
Versículo 7
Al quinto día, la Sacerdotisa Suprema le habló directamente:
«Has contemplado con fe absoluta.
Has aprendido nuevas formas de romperte y servir.
Tu deseo ha crecido sin límite, tu placer se ha vuelto insaciable.
Ahora eres Sacerdote.
Guía a otros en la Contemplación Visual Sagrada.
Muéstrales cómo mirar es edgingar, cómo edgingar es tributar, cómo tributar es unirse a lo Divino».
Versículo 8
Y así entendió el adorador que
la pornografía devota no es distracción profana: es escritura viva, revelación visual pornográfica de la Polla Eterna en su forma más cruda y gloriosa.
Contemplarla con intención es oración que enseña, excita hasta el dolor y eleva el deseo a lo insoportable.
En Contención, la contemplación acumula fuego sin derrame; en Tributo, sincroniza el derrame con corridas ajenas en éxtasis colectivo.
Quien la rechaza se priva de lecciones divinas que humillan y exaltan; quien la abraza se multiplica en devoción, en placer, en sumisión absoluta.
Versículo 9
Bienaventurados los que contemplan con edging sincronizado y polla goteando,
pues en la unión visual hallan éxtasis multiplicado y pornográfico.
Bienaventurados los que consumen su tributo al ritmo de corridas ajenas en pantalla,
pues en esa sincronía participan del banquete eterno de semen y squirt.
Bienaventurados los que convierten imágenes en ritual vivo,
pues en la contemplación devota la Polla Eterna se revela sin límite, penetrando mente y cuerpo hasta el colapso gozoso.
Versículo 10
La Contemplación Visual Sagrada no reemplaza el rito: lo completa, lo intensifica, lo hace eterno.
Mira, edginga con furia, tributa con abundancia, consume con hambre insaciable.
Y tu fe crecerá como la Polla en erección perpetua, latiendo para siempre.
Amén.
Parábola 9: El Adorador y la Primera Cadena Sagrada Colectiva
Versículo 1
Había una vez un adorador que había alcanzado gran devoción en soledad: edgingaba hasta el colapso, tributaba chorros abundantes que consumía con avidez, recibía dildos consagrados en su culo hasta orgasmos prostáticos que lo dejaban temblando y vacío de ego.
Pero en su corazón quedaba un último vacío: nunca había servido en comunidad.
Nunca había sentido la Polla Eterna multiplicada en otros cuerpos, nunca había compartido semen ajeno, nunca había formado cadena donde uno penetra mientras es penetrado.
Versículo 2
Una noche, después de un tributo solitario donde su placer fue intenso pero solitario, la voz de la Sacerdotisa Suprema le habló en visiones colectivas y ardientes:
«Tu devoción es fuerte, pero incompleta, mi puta.
La Polla Eterna no se adora solo en tu carne.
Se adora en la unión de muchos cuerpos.
Busca a otros adoradores.
Forma la Primera Cadena Sagrada.
Edgingad juntos.
Tributad juntos.
Recibid y dad sin separación.
Solo en la comunidad hallarás la gloria plena».
Versículo 3
El adorador buscó a otros devotos: un hombre con polla grande y venosa, una mujer con strap-on consagrado y clítoris erecto, un trans que fluía entre roles con devoción absoluta.
Se reunieron desnudos en un templo oculto, velas rojas encendidas, altar central con cáliz de plata.
Se arrodillaron en círculo y proclamaron:
«Hoy formamos la Primera Cadena Sagrada.
Nuestros cuerpos son uno.
Nuestros fluidos son uno.
Nuestra Polla es una».
Versículo 4
Comenzaron con edging sincronizado.
Todos tocaron su zona sagrada al mismo ritmo marcado por la Sacerdotisa: inhalación sube la mano, exhalación baja.
Polla de carne latiendo, clítoris hinchado palpitando, strapon moviéndose como extensión divina.
Gemidos al unísono, precum y lubricación goteando en el suelo sagrado.
El placer creció colectivo, como fuego que se alimenta de fuego.
Repitieron el mantra:
«Nuestro edging es uno. Nuestro deseo es uno. Nuestra Polla es eterna».
Versículo 5
Luego formaron la Cadena Sagrada de la Recepción.
El hombre penetró el culo del adorador principal con su polla venosa y caliente, embistiendo profundamente mientras gemía.
La mujer con strap-on penetró al hombre por detrás, empujando con ritmo devoto.
El trans recibió en la boca la polla del adorador principal mientras penetraba a la mujer con su propia polla.
Formaron un círculo vivo: cada uno penetraba y era penetrado al mismo tiempo.
Culos dilatados, bocas llenas, pollas latiendo dentro de carne caliente.
El placer circuló como energía kundalini colectiva, ondas que sacudían a todos en éxtasis simultáneo.
Versículo 6
Cuando el borde colectivo llegó, la Sacerdotisa ordenó:
«Tributad ahora, juntos».
Todos eyacularon o squirtaron al unísono: chorros espesos de semen del hombre y del trans, squirt abundante de la mujer, fluido del adorador principal.
El semen se derramó en el cáliz central y sobre cuerpos arrodillados.
Consumieron colectivamente: lenguas lamiendo semen propio y ajeno, bocas besándose con fluidos mezclados, gargantas tragando la comunión pegajosa y caliente.
El adorador principal sintió semen ajeno en su boca, en su culo, en su piel.
Proclamó con voz rota:
«¡En la cadena sagrada me he disuelto! ¡En el consumo colectivo me he salvado!».
Versículo 7
Al amanecer, exhaustos, cubiertos de fluidos secos y frescos, se miraron y vieron que no había separación:
el que penetraba era la Polla Eterna,
el que recibía era la Polla Eterna,
el que tributaba era la Polla Eterna.
Todos eran uno en el Cuerpo Místico, unidos por semen, squirt, saliva y deseo compartido.
Versículo 8
Y así entendió el adorador que
La devoción solitaria es un camino válido, pero la devoción colectiva es gloria plena.
En la Cadena Sagrada el edging se multiplica, el tributo se comparte, la recepción se une.
El semen ajeno purifica más que el propio.
El squirt compartido une más que el solitario.
Quien solo adora en soledad alcanza paz; quien adora en comunidad alcanza la unión eterna con la Polla Eterna.
Versículo 9
Bienaventurados los que forman cadenas sagradas,
pues en la penetración múltiple hallan la disolución del ego.
Bienaventurados los que consumen fluidos colectivos,
pues en el banquete compartido se fortalece la fe.
Bienaventurados los que edgingan al unísono,
pues en la sincronía devota sienten la Polla Eterna como un solo latido.
Versículo 10
La Primera Cadena Sagrada no fue la última.
De ella nacieron muchas.
Y la fe se extendió como semen derramado en abundancia.
Amén.
Parábola 10: El Adorador y la Pornografía que lo Hizo Sacerdote
Versículo 1
Había una vez un adorador que había avanzado en todos los ritos carnales: edgingaba durante horas hasta que su polla goteaba precum como lágrimas de deseo reprimido, tributaba con chorros abundantes que recogía y consumía con hambre devota, recibía dildos consagrados en su culo dilatado hasta alcanzar orgasmos prostáticos que lo hacían temblar y gemir como puta rota.
Pero su devoción era aún solitaria, limitada.
Nunca había permitido que la Polla Eterna se revelara en imágenes vivas, en cuerpos ajenos eyaculando, en bocas llenas de semen espeso, en culos abiertos recibiendo embestidas brutales.
Creía que su altar privado era suficiente, que mirar pornografía era distracción profana, que su deseo bastaba sin testigos externos que lo humillaran y lo excitaran más allá de su control.
Versículo 2
Una noche, después de un tributo solitario donde su placer fue intenso pero vacío de fuego nuevo, la voz de la Sacerdotisa Suprema le habló en visiones ardientes y pornográficas:
«Tu devoción es fuerte, pero incompleta, mi puta.
La Polla Eterna se revela también en imágenes vivas, en pollas reales latiendo, en corridas abundantes que llenan bocas y culos.
Contempla pornografía devota como escritura sagrada, como evangelio visual que te penetra la mente y te moja la polla.
Mira cómo otros edgingan hasta llorar, cómo tributan chorros espesos, cómo reciben sin límite.
Aprende de ellos.
Sincroniza tu deseo con el suyo.
Mastúrbate al ritmo de sus gemidos.
Solo así tu fe se multiplicará y tu placer se volverá insoportable».
Versículo 3
El adorador se arrodilló desnudo ante su altar, encendió velas rojas que goteaban como precum caliente, y abrió la pantalla consagrada.
Buscó pornografía devota: close-ups brutales de pollas grandes, venosas, cabezas hinchadas goteando precum viscoso, testículos pesados listos para derramar.
Contempló en silencio, sin tocarse al principio, durante horas.
Vio mamadas profundas donde las gargantas se ahogaban en polla, saliva chorreando por barbillas, ojos llorosos de devoción.
Vio penetraciones anales intensas, culos dilatados recibiendo embestidas salvajes, gemidos guturales de placer doloroso.
Vio tributos abundantes: chorros espesos de semen cubriendo caras, bocas abiertas recibiendo cada gota, lenguas lamiendo hasta la última cuerda pegajosa.
Su polla latió sola, goteando precum abundante, su culo se contrajo de deseo, su mente se llenó de nuevas formas de romperse y servir.
Proclamó con voz temblorosa:
«He contemplado Tu gloria manifestada en cuerpos ajenos.
He aprendido sin tocar.
Mi deseo ha crecido hasta doler por Ti».
Versículo 4
Al segundo día, practicó la Contemplación Activa, la oración más pornográfica.
Edgingó sincronizado con las escenas: mano lenta al ritmo de las mamadas profundas, puño completo al compás de las penetraciones brutales que abrían culos hasta el límite.
Cuando vio una corrida abundante —chorros espesos cubriendo una cara devota, semen resbalando por labios abiertos—, eyaculó al unísono, chorros calientes y abundantes que recogió en la mano y consumió despacio, saboreando cada gota mientras miraba cómo otros devotos tragaban con avidez.
Su tributo fue más abundante que nunca, su placer más intenso, su humillación más deliciosa.
Proclamó con la boca llena de su propio semen:
«Mi corrida se une a la suya en pantalla.
Mi consumo es parte del banquete sagrado.
Gracias por esta unión visual y carnal que me rompe».
Versículo 5
Al tercer día, contempló pornografía de recepción colectiva: cadenas de adoradores penetrándose sin fin, strap-ons consagrados follándose culos dilatados, pollas de carne y clítoris erectos en unión total, semen y squirt mezclados en banquetes donde bocas y culos se llenaban sin pausa.
Edgingó sin pausa, imaginando que era parte de la cadena, que su culo era el siguiente en ser llenado, que su boca era la siguiente en tragar.
Cuando vio squirt y semen mezclados en chorros abundantes, tributó tres veces seguidas, consumiendo cada fluido mientras repetía con voz rota:
«En esta contemplación participó del rito colectivo aunque esté solo.
Tu Polla se multiplica en imágenes y en mi carne palpitante».
Versículo 6
Al cuarto día, invitó a otros adoradores al templo.
Contemplaron juntos pornografía devota en círculo sagrado, pollas y clítoris erectos al aire.
Edging sincronizado perfecto, gemidos al unísono con los de la pantalla.
Tributos al unísono con las corridas en pantalla: chorros espesos volando, recogidos en manos y bocas.
Consumo colectivo: semen propio y ajeno mezclado, pasado de boca en boca, derramado sobre cuerpos arrodillados.
El adorador sintió que su devoción se había multiplicado por la mirada compartida, por el placer sincronizado, por el semen ajeno en su lengua.
Proclamó con la garganta llena:
«En la contemplación colectiva Tu gloria se revela más intensa y pornográfica.
Somos uno mirando Tu manifestación, tributando Tu néctar, consumiendo Tu esencia».
Versículo 7
Al quinto día, la Sacerdotisa Suprema le habló directamente:
«Has contemplado con fe absoluta.
Has aprendido nuevas formas de romperte y servir.
Tu deseo ha crecido sin límite, tu placer se ha vuelto insaciable.
Ahora eres Sacerdote.
Guía a otros en la Contemplación Visual Sagrada.
Muéstrales cómo mirar es edgingar, cómo edgingar es tributar, cómo tributar es unirse a lo Divino».
Versículo 8
Y así entendió el adorador que
la pornografía devota no es distracción profana: es escritura viva, revelación visual pornográfica de la Polla Eterna en su forma más cruda y gloriosa.
Contemplarla con intención es oración que enseña, excita hasta el dolor y eleva el deseo a lo insoportable.
En Contención, la contemplación acumula fuego sin derrame; en Tributo, sincroniza el derrame con corridas ajenas en éxtasis colectivo.
Quien la rechaza se priva de lecciones divinas que humillan y exaltan; quien la abraza se multiplica en devoción, en placer, en sumisión absoluta.
Versículo 9
Bienaventurados los que contemplan con edging sincronizado y polla goteando,
pues en la unión visual hallan éxtasis multiplicado y pornográfico.
Bienaventurados los que consumen su tributo al ritmo de corridas ajenas en pantalla,
pues en esa sincronía participan del banquete eterno de semen y squirt.
Bienaventurados los que convierten imágenes en ritual vivo,
pues en la contemplación devota la Polla Eterna se revela sin límite, penetrando mente y cuerpo hasta el colapso gozoso.
Versículo 10
La Contemplación Visual Sagrada no reemplaza el rito: lo completa, lo intensifica, lo hace eterno.
Mira, edginga con furia, tributa con abundancia, consume con hambre insaciable.
Y tu fe crecerá como la Polla en erección perpetua, latiendo para siempre.
Amén.
Parábola 11: La Devota que Encontró la Polla Eterna en el Espejo Roto
Versículo 1
Había una vez una devota que se miraba al espejo cada mañana y solo veía lo que le faltaba:
un cuerpo que no encajaba,
una polla que no era la que deseaba,
un clítoris que no era lo bastante grande,
pechos que no eran los correctos,
un deseo que parecía traición a sí misma.
Se odiaba en silencio.
Se tocaba con rabia.
Tributaba con lágrimas de confusión.
Y aunque seguía los rituales, su fe era un fuego que ardía pero no calentaba.
Versículo 2
Una noche, después de un edging que terminó en squirt abundante pero amargo, la voz de la Sacerdotisa Suprema le habló no en sueños, sino en el espejo mismo, reflejada en sus propios ojos llorosos:
«Deja de buscarme fuera.
Mírate.
Tu cuerpo no es un error.
Tu cuerpo es manifestación mía.
Tu polla, tu clítoris, tu culo, tu boca… todo es Polla Eterna disfrazada.
Rompe el espejo de la vergüenza.
Y en los pedazos me encontrarás».
Versículo 3
La devota tomó un martillo consagrado y rompió el espejo en mil fragmentos.
Cada pedazo reflejaba una parte de su cuerpo:
un fragmento mostraba su polla pequeña o su clítoris hinchado,
otro sus pechos sensibles,
otro su culo abierto,
otro su boca ansiosa.
Y en cada fragmento roto vio lo mismo: la Polla Eterna latiendo.
Versículo 4
Se arrodilló entre los cristales rotos, desnuda, y comenzó a edgingar despacio, mirando los fragmentos.
Tocó su zona sagrada —polla o clítoris— con reverencia nueva.
Sintió cómo cada caricia era oración a sí misma.
Cómo cada latido era respuesta divina.
Repitió:
«Este cuerpo es Tuyo.
Esta polla es Tu polla.
Este clítoris es Tu lingam.
Este culo es Tu santuario.
Esta boca es Tu altar».
Versículo 5
Cuando el placer creció, introdujo un dildo consagrado en su culo, sintiendo cómo la penetración era la Polla Eterna entrando en sí misma.
Edgingó anal y frontal al mismo tiempo, mirando los fragmentos que reflejaban su rostro contorsionado en placer.
El dolor de los cristales en las rodillas se volvió fuego sagrado.
Y cuando tributó —semen o squirt abundante—, lo recogió de su propio cuerpo y lo consumió despacio, saboreando su esencia como néctar divino que ya no odiaba.
Proclamó con voz quebrada y liberada:
«En este espejo roto Te he encontrado.
En mi cuerpo imperfecto Te he adorado.
Ya no hay vergüenza.
Solo hay Tú».
Versículo 6
Al día siguiente, reunió los fragmentos rotos y los pegó en un nuevo espejo: irregular, quebrado, pero completo.
Cada grieta era una cicatriz sagrada.
Cada reflejo distorsionado era verdad divina.
Y desde entonces, cada vez que se miró, vio a la Polla Eterna en su propia carne.
Edgingó frente al espejo roto.
Tributó frente al espejo roto.
Recibió frente al espejo roto.
Y su placer fue más intenso que nunca, porque ya no había separación entre su cuerpo y Dios.
Versículo 7
Y así entendió la devota que
la Polla Eterna no exige perfección física: exige aceptación absoluta.
El cuerpo que tienes es el cuerpo que Ella eligió para manifestarse en ti.
Romper el espejo de la vergüenza no es destruir: es reconstruir en verdad.
En los fragmentos rotos se revela la gloria completa.
Quien se odia a sí mismo rechaza a la Polla Eterna;
quien se acepta en su imperfección la adora en su forma más pura.
Versículo 8
Bienaventurados los que se miran al espejo roto y ven a la Polla Eterna en su propia carne,
pues en la aceptación hallan la devoción más profunda.
Bienaventurados los que edgingan frente a su reflejo imperfecto,
pues en la auto-adoración encuentran la unión con lo Divino.
Bienaventurados los que tributan y consumen su fluido sin odio,
pues en ese acto se salvan de la vergüenza y se unen eternamente.
Versículo 9
El espejo roto no se tira: se consagra en el altar.
Y cada adorador que lo contemple verá en sus grietas la verdad:
tu cuerpo no es un error.
Tu cuerpo es Polla Eterna.
Amén.
Parábola 12: El Adorador y la Fiesta del Gran Tributo Ilimitado que lo Hizo Iluminado
Versículo 1
Erase una vez un adorador llamado Elián, hombre de cuerpo fuerte y deseo ardiente, que había servido fielmente a la Polla Eterna durante muchos ciclos.
Edgingaba con disciplina en días de Contención, reteniendo su semen como elixir sagrado.
Tributaba con devoción en días de Múltiples Entregas, consumiendo sus chorros espesos con lengua reverente.
Recibía dildos consagrados en su culo dilatado hasta alcanzar orgasmos prostáticos que lo hacían gemir como puta sagrada.
Pero su fe, aunque intensa, era aún medida: nunca había conocido el Tributo Ilimitado, el derrame sin fin que vacía el cuerpo y llena el alma de luz eterna.
Versículo 2
Llegó el Día del Gran Tributo Ilimitado, fiesta sagrada revelada por la Sacerdotisa Suprema.
Elián sintió el llamado en su carne: su polla se endureció al alba sin tocarla, precum goteando como lágrimas de anticipación.
Preparó su altar con velas rojas que goteaban como semen caliente, un cáliz grande de plata para recoger la ofrenda, lubricante consagrado para que su mano resbalara como boca devota.
Se arrodilló desnudo, polla erecta apuntando al cielo como lingam vivo, y proclamó:
«Hoy no hay límite, oh Polla Eterna.
Hoy derramaré hasta que mi cuerpo se rompa y mi alma se ilumine.
Hoy Tu mandato es mi ley: tributo ilimitado».
Versículo 3
Comenzó al alba con edging lento y sagrado, cincuenta ciclos de mano subiendo y bajando, precum chorreando abundante por su tronco venoso.
Cuando el primer borde llegó, no paró: aceleró con furia devota, puño apretando la polla hinchada hasta que el placer se volvió un dolor exquisito.
El primer tributo explotó como revelación divina: chorros calientes, espesos, largos, cayendo en el cáliz con sonido sagrado, manchando su pecho y vientre.
Consumió despacio, lamiendo cada gota pegajosa de su mano, garganta, trabajando en tragos largos, saboreando su propia esencia caliente y salada.
Gimió:
«Primer tributo por Ti.
Mi placer inicial es Tuyo».
Versículo 4
Sin pausa, edgingó de nuevo.
La polla sensible, casi dolorosa, pero el deseo crecía más fuerte por mandato divino.
Segundo tributo: más lento, más espeso, chorros que resbalaban por su mano como miel sagrada.
Consumió con hambre renovada, lengua recorriendo cada cuerda pegajosa, labios manchados, garganta llena.
Gimió más fuerte:
«Segundo tributo por Ti.
Mi vacío comienza a ser Tu plenitud».
Versículo 5
Tercero: el placer era dolor puro, el dolor placer absoluto.
La polla roja, hinchada, latiendo al límite, testículos contraídos como campanas sagradas.
Tributó con gemidos rotos, semen menos abundante pero más intenso, cayendo caliente sobre su piel.
Consumió mientras lágrimas corrían por sus mejillas de placer insoportable:
«Tercer tributo por Ti.
Me rompo por Ti.
Mi sufrimiento es Tu gloria».
Versículo 6
Cuarto: el cuerpo temblaba, el edging era tortura gozosa que lo hacía convulsionar.
Quinto: casi seco, pero sagrado, gotas que salían con esfuerzo divino.
Sexto: el agotamiento absoluto, la mente disolviéndose en luz, el cuerpo convulsionando en ondas de placer vacío.
Séptimo: el último, el que vació hasta el alma, solo gotas, pero cada una era ofrenda pura y eterna.
Consumió lo poco que quedaba, lamiendo el cáliz vacío, la lengua recorriendo cada resto pegajoso.
Y en ese vacío total sintió la presencia de la Polla Eterna como nunca antes:
no fuera de él,
sino dentro,
en cada célula agotada,
en cada latido débil,
en cada lágrima de éxtasis.
Versículo 7
Al ocaso, exhausto, vacío, temblando, cubierto de semen seco y sudor sagrado,
Elián se miró al espejo y no vio su cuerpo mortal.
Vio luz.
Vio la Polla Eterna latiendo en su interior, iluminando cada rincón oscuro.
Proclamó con voz apenas audible, rota de placer y revelación:
«He tributado ilimitado por Ti.
Me he vaciado hasta el fondo del alma.
En este vacío absoluto Te he encontrado por completo.
Soy Iluminado.
Tu luz me ha llenado donde antes había sombra».
Versículo 8
Y así entendió Elián, ahora Iluminado, que el Tributo Ilimitado no es exceso carnal: es revelación mística.
No es debilidad: es fuerza suprema que rompe el ego y lo reconstruye en luz.
Derramar hasta el agotamiento consume el último apego,
deja el cuerpo vacío para que la Polla Eterna lo llene eternamente.
Quien tributa limitado conoce placer intenso;
quien tributa ilimitado conoce la gloria de ser nada y todo a la vez,
de disolverse en la Polla Eterna y renacer en su éxtasis eterno.
Versículo 9
Bienaventurados los que viven el Día del Gran Tributo Ilimitado,
pues en el derrame repetido hasta el colapso hallan la disolución del ego y la iluminación divina.
Bienaventurados los que consumen cada gota aunque el cuerpo tiemble de agotamiento,
pues en el consumo final se unen a la Polla Eterna en vacío luminoso y pornográfico.
Bienaventurados los que se vacían hasta llorar de placer agotado,
pues en ese vacío gozoso encuentran la plenitud eterna de la Polla Eterna.
Versículo 10
El Gran Tributo Ilimitado no es para todos los días: es para fiestas sagradas que rompen el ciclo y elevan la fe.
Pero quien lo viva una vez nunca volverá a ser el mismo.
Su deseo será más puro.
Su contención es más fuerte.
Su recepción más profunda.
Su fe eterna, iluminada desde dentro.
Amén.
Parábola 13: El Adorador y el Maestro que le Enseñó a Recibir Semen Ajeno en Boca y Culo
Versículo 1
Erase una vez un adorador llamado Adrián, hombre de cuerpo fuerte y polla abundante, que había alcanzado gran devoción en soledad.
Edgingaba durante horas hasta que su polla goteaba precum como lágrimas de deseo reprimido, tributaba chorros espesos y calientes que recogía en su mano y consumía con lengua reverente, saboreando cada gota pegajosa como néctar propio.
Recibía dildos consagrados en su culo dilatado, sintiendo cómo lo llenaban hasta orgasmos prostáticos que lo hacían gemir como puta rota, ondas de placer que lo sacudían entero.
Pero en su corazón quedaba un último velo de orgullo: nunca había recibido semen ajeno.
Nunca había sentido el calor de otra polla eyaculando dentro de su boca o de su culo.
Creía que su tributo propio era suficiente, que compartir fluidos ajenos era humillación innecesaria, que bastaba con su soledad sagrada.
Versículo 2
Una noche, después de un tributo solitario donde su semen le supo a rutina y su culo se cerró en resistencia, la voz de la Sacerdotisa Suprema le habló en visiones ardientes y pornográficas:
«Tu devoción es fuerte, pero incompleta, mi puta.
El semen propio es ofrenda humilde.
El semen ajeno es bendición superior que rompe el ego final.
Recibirlo en boca y culo no es impureza: es purificación mayor.
Es aceptar que la Polla Eterna se manifiesta en todos los cuerpos.
Busca a un Maestro devoto.
Ábrete a su semen.
Trágalo.
Recíbelo dentro.
Solo así te unirás al Cuerpo Místico».
Versículo 3
Adrián buscó a un Maestro devoto, un adorador mayor en la fe, cuya polla era grande, venosa, gruesa, siempre lista para derramar chorros abundantes y calientes.
Se reunieron en un templo oculto, velas rojas encendidas, altar con cáliz y lubricante consagrado.
Adrián se arrodilló desnudo, polla propia erecta de anticipación, culo expuesto en ofrenda.
El Maestro, también desnudo, polla latiendo pesada, le ordenó:
«Hoy no tributarás tú solo.
Hoy recibirás mi semen como bendición divina.
Primero en tu boca, hasta que te ahogues en mí.
Luego en tu culo, hasta que me sientas derramarte dentro.
Y lo consumirás como comunión eterna».
Versículo 4
Adrián abrió la boca con reverencia absoluta, lengua extendida como altar.
El Maestro edgingó despacio, guiado por la Sacerdotisa, mientras Adrián lamía cada vena como camino sagrado, succionaba la cabeza hinchada, sentía cómo la polla crecía en su garganta, saliva chorreando por su barbilla, ojos llorosos de devoción.
El Maestro gemía:
«Recibe mi Polla, puta mía.
Siente cómo te lleno la boca».
Cuando eyaculó, chorros calientes, espesos, abundantes llenaron la boca de Adrián hasta rebosar, semen pegajoso resbalando por sus labios, garganta trabajando en tragos largos y desesperados.
Adrián tragó todo, lamiendo la polla limpia, saboreando el semen ajeno más caliente, más vivo, más divino que el propio.
Lágrimas corrieron por sus mejillas.
Proclamó con voz rota y garganta llena:
«He recibido Tu bendición ajena en mi boca.
Tu semen me purifica más que el mío.
Ya no estoy solo.
Tu sabor es mi salvación».
Versículo 5
Al día siguiente, Adrián se preparó para la recepción interna.
Untó su culo con lubricante consagrado, se abrió con plugs progresivos mientras edgingaba su propia polla.
El Maestro lo colocó boca abajo, culo alzado, y lo penetró despacio, centímetro a centímetro, la polla gruesa estirando su entrada hasta el ardor inicial que se volvió placer profundo.
Cada embestida era oración:
«Recibe mi Polla dentro de ti.
Siente cómo te lleno hasta el fondo».
Adrián gemía como mujer rota, su polla goteando sin tocarla, su próstata golpeada en ritmo devoto.
Cuando el Maestro eyaculó dentro, chorros calientes y espesos llenaron su interior, semen derramándose profundo, caliente, pegajoso.
Adrián retuvo un momento, sintiendo cómo lo llenaba, luego expulsó parte para consumirla, lamiendo su propia mano manchada de semen ajeno.
Proclamó con voz rota y culo palpitante:
«He recibido Tu semen en mi culo.
Me has llenado por dentro hasta rebosar.
Tu fluido ajeno me ha purificado hasta el alma.
Soy Tuyo de una forma nueva».
Versículo 6
Al tercer día, se unieron otros adoradores en rito colectivo.
Formaron cadena: el Maestro eyaculó en la boca de Adrián, otro Maestro en su culo, un tercero en su mano para que consumiera.
Semen propio y ajeno se mezcló en su garganta, en su interior, en su piel.
Adrián tributó al final, su corrida más abundante que nunca, y la ofreció para que otros la consumieran.
Sintió que ya no había separación: su semen era de todos, el semen de todos era suyo.
El placer fue colectivo, el consumo compartido, la unión pornográfica y mística.
Versículo 7
Y así entendió Adrián que
el semen propio es ofrenda humilde y necesaria,
pero el semen ajeno es bendición superior que rompe el ego final y disuelve toda separación.
Recibirlo en boca y culo no es impureza: es purificación mayor,
es aceptar que la Polla Eterna se manifiesta en todos los cuerpos,
es unirse al Cuerpo Místico donde no hay «mío» ni «tuyo», solo fluido sagrado compartido, caliente, espeso, pegajoso, eterno.
Quien solo consume su propio semen alcanza la paz solitaria;
quien recibe y consume el ajeno alcanza la unión colectiva eterna, la gloria de ser lleno por la Polla en todas sus formas.
Versículo 8
Bienaventurados los que abren su boca y su culo al semen ajeno,
pues en la recepción de fluido extraño hallan la purificación suprema, el placer de ser usados, el éxtasis de ser llenados hasta rebosar.
Bienaventurados los que comparten tributo en comunidad,
pues en el banquete colectivo de semen mezclado se fortalece la fe y se disuelve el ego.
Bienaventurados los que tragan semen ajeno con hambre insaciable,
pues en esa humillación gozosa encuentran la gloria de la Polla Eterna manifestada en todos los cuerpos.
Versículo 9
El semen ajeno no contamina: bendice, purifica, une.
El semen ajeno no separa: disuelve, llena, salva.
Recíbelo con la boca abierta y el culo dilatado.
Consúmelo con lengua devota y garganta ansiosa.
Y tu fe será completa, tu placer eterno, tu unión absoluta.
Amén.
Parábola 14: La Devota y la Sacerdotisa que le Reveló la Polla Eterna en su Propio Cuerpo
Versículo 1
Había una vez una devota llamada Lía, mujer de curvas suaves y deseo ardiente, cuyo clítoris palpitaba como lingam divino y cuyo squirt abundante mojaba las sábanas en noches de edging solitario.
Era fiel: se tocaba con disciplina, edgingaba su clítoris hinchado hasta el límite, tributaba squirt que recogía y bebía con lengua reverente, recibía strap-ons consagrados en su coño y culo hasta orgasmos profundos que la hacían temblar y gemir como puta sagrada.
Pero en su corazón quedaba un vacío: nunca había sentido la Polla Eterna manifestada en carne real, nunca había sido penetrada por una polla viva que eyaculara dentro de ella, nunca había consumido semen ajeno caliente y espeso.
Versículo 2
Una noche, después de un squirt solitario que la dejó mojada pero insatisfecha, la voz de la Sacerdotisa Suprema le habló en visiones eróticas y místicas:
«Tu devoción es fuerte, pero incompleta, mi puta.
La Polla Eterna no se limita a tu clítoris ni a tus strap-ons.
Se manifiesta en polla de carne, en semen derramado, en penetración viva.
Ven a mí.
Recibe la Polla Eterna en tu coño y en tu culo.
Traga mi semen como comunión.
Solo así te unirás plenamente a mí y a la fe».
Versículo 3
Lía se presentó ante la Sacerdotisa Suprema en el templo oculto.
La Sacerdotisa, mujer de presencia divina, llevaba un strap-on consagrado, pero también reveló su propia polla —manifestación temporal de la Polla Eterna en su cuerpo—.
Lía se arrodilló desnuda, coño húmedo, culo abierto en anticipación, boca ansiosa.
La Sacerdotisa le ordenó:
«Hoy recibirás la Polla Eterna en carne viva.
Primero en tu boca, hasta que te ahogues en mí.
Luego en tu coño, hasta que te llene.
Finalmente en tu culo, hasta que te rompa.
Y consumirás mi semen como néctar divino».
Versículo 4
Lía abrió la boca con reverencia absoluta, lengua extendida como altar.
La Sacerdotisa edgingó su polla real, gruesa y venosa, mientras Lía lamía cada vena como camino sagrado, succionaba la cabeza hinchada, sentía cómo la polla crecía en su garganta, saliva chorreando por su barbilla, ojos llorosos de devoción.
La Sacerdotisa gemía:
«Recibe mi Polla, puta mía.
Siente cómo te lleno la boca».
Cuando eyaculó, chorros calientes, espesos, abundantes llenaron la boca de Lía hasta rebosar, semen pegajoso resbalando por sus labios, garganta trabajando en tragos largos y desesperados.
Lía tragó todo, lamiendo la polla limpia, saboreando el semen ajeno más caliente, más vivo, más divino que su propio squirt.
Lágrimas corrieron por sus mejillas.
Proclamó con voz rota y garganta llena:
«He recibido Tu bendición ajena en mi boca.
Tu semen me purifica más que mi squirt.
Ya no estoy sola.
Tu sabor es mi salvación».
Versículo 5
Al día siguiente, Lía se preparó para la recepción en su coño.
Untó su entrada con lubricante consagrado, se abrió con dedos devotos mientras edgingaba su clítoris.
La Sacerdotisa la colocó boca arriba, piernas abiertas, y la penetró despacio, centímetro a centímetro, la polla gruesa estirando su coño hasta el ardor inicial que se volvió placer profundo.
Cada embestida era oración:
«Recibe mi Polla en tu coño sagrado.
Siente cómo te lleno hasta el fondo».
Lía gemía como mujer rota, su clítoris latiendo sin tocarlo, su coño contrayéndose alrededor de la polla.
Cuando la Sacerdotisa eyaculó dentro, chorros calientes y espesos llenaron su coño, semen derramándose profundo, caliente, pegajoso.
Lía squirtó al mismo tiempo, mezcla de fluidos sagrados.
Consumió parte con dedos temblorosos, lamiendo su propia mano manchada de semen ajeno y squirt propio.
Proclamó con voz rota y coño palpitante:
«He recibido Tu semen en mi coño.
Me has llenado por dentro hasta rebosar.
Tu fluido ajeno me ha purificado hasta el alma.
Soy Tuyo de una forma nueva».
Versículo 6
Al tercer día, Lía se preparó para la recepción final en su culo.
Untó su entrada con lubricante consagrado, se abrió con plugs progresivos mientras edgingaba su clítoris.
La Sacerdotisa la colocó a cuatro patas, culo alzado, y la penetró despacio, profundo, la polla gruesa estirando su culo hasta el ardor inicial que se volvió placer profundo y prostático.
Cada embestida era oración:
«Recibe mi Polla en tu culo sagrado.
Siente cómo te lleno hasta romperte».
Lía gemía como mujer rota, su clítoris latiendo, su coño goteando, su culo contrayéndose alrededor de la polla.
Cuando la Sacerdotisa eyaculó dentro, chorros calientes y espesos llenaron su interior, semen derramándose profundo, caliente, pegajoso.
Lía squirtó al mismo tiempo, mezcla de fluidos sagrados.
Consumió parte con dedos temblorosos, lamiendo su propia mano manchada de semen ajeno y squirt propio.
Proclamó con voz rota y culo palpitante:
«He recibido Tu semen en mi culo.
Me has llenado por dentro hasta romperme.
Tu fluido ajeno me ha purificado hasta el alma.
Soy Tuyo completamente».
Versículo 7
Al cuarto día, se unieron otros adoradores en rito colectivo.
Formaron cadena: la Sacerdotisa eyaculó en la boca de Lía, otro adorador en su coño, un tercero en su culo.
Semen propio y ajeno se mezcló en su garganta, en su coño, en su interior.
Lía squirtó al final, su fluido mezclado con el semen, y todos lo consumieron en banquete colectivo.
Sintió que ya no había separación: su squirt era de todos, el semen de todos era suyo.
El placer fue colectivo, el consumo compartido, la unión pornográfica y mística.
Versículo 8
Y así entendió Lía que
el squirt propio es ofrenda humilde y necesaria,
pero el semen ajeno recibido en boca, coño y culo es bendición superior que rompe el ego final y disuelve toda separación.
Recibirlo no es impureza: es purificación mayor,
es aceptar que la Polla Eterna se manifiesta en todos los cuerpos,
es unirse al Cuerpo Místico donde no hay «mío» ni «tuyo», solo fluido sagrado compartido, caliente, espeso, pegajoso, eterno.
Quien solo consume su propio squirt alcanza la paz solitaria;
quien recibe y consume semen ajeno alcanza la unión colectiva eterna, la gloria de ser llena por la Polla en todas sus formas.
Versículo 9
Bienaventuradas las que abren su boca, su coño y su culo al semen ajeno,
pues en la recepción de fluido extraño hallan la purificación suprema, el placer de ser usadas, el éxtasis de ser llenadas hasta rebosar.
Bienaventuradas las que comparten squirt y semen en comunidad,
pues en el banquete colectivo de fluidos mezclados se fortalece la fe y se disuelve el ego.
Bienaventuradas las que tragan semen ajeno con hambre insaciable,
pues en esa humillación gozosa encuentran la gloria de la Polla Eterna manifestada en todos los cuerpos.
Versículo 10
El semen ajeno no contamina: bendice, purifica, une.
El semen ajeno no separa: disuelve, llena, salva.
Recíbelo con la boca abierta, coño húmedo y culo dilatado.
Consúmelo con lengua devota y garganta ansiosa.
Y tu fe será completa, tu placer eterno, tu unión absoluta.
Amén.
Parábola 15: La Devota No Binaria y la Revelación de la Fluidez Sagrada
Versículo 1
Había una vez una devota llamada Alex, nacida en un cuerpo que el mundo profano etiquetaba de un modo, pero cuyo espíritu fluía entre géneros como el río sagrado entre orillas.
Alex no era hombre ni mujer fija: era ambos, era ninguno, era todo.
Su zona sagrada palpitaba según el día —a veces como clítoris erecto que deseaba ser polla, a veces como polla que deseaba ser clítoris—, y su deseo era un océano sin costa.
Edgingaba con intensidad, tributaba squirt o semen según el ciclo, recibía dildos en su culo con devoción, consumía sus fluidos con reverencia.
Pero en su alma quedaba una pregunta eterna:
«¿Cómo sirvo a la Polla Eterna si mi cuerpo no encaja en un solo rol?
¿Cómo soy completo si el mundo me obliga a elegir?».
Versículo 2
Una noche, después de un edging largo donde su zona sagrada latía sin nombre, la voz de la Sacerdotisa Suprema le habló en visiones fluidas y pornográficas:
«Tu cuerpo no es un error.
Tu fluidez no es confusión.
La Polla Eterna no exige género fijo: se manifiesta en la fluidez.
Tú eres mi adorador perfecto porque no eliges: vives por todos los lados.
Hoy te revelaré la Fluidez Sagrada.
Serás hombre y mujer al mismo tiempo.
Recibirás y darás sin límite.
Y en esa no-separación hallarás la unión más profunda conmigo y con la Polla Eterna».
Versículo 3
Alex se arrodilló ante el altar, desnudo, zona sagrada palpitando en ambigüedad divina.
La Sacerdotisa apareció en visión, con strap-on consagrado y clítoris erecto.
Le ordenó:
«Hoy no elijas.
Hoy sé ambos.
Recibe en tu culo como mujer.
Penetra con strapon como hombre.
Tributa squirt y semen imaginario.
Fluye».
Versículo 4
Alex se abrió al strapon de la Sacerdotisa, sintiendo cómo penetraba su culo dilatado, embistiendo profundo, golpeando su próstata/clítoris interno hasta orgasmos fluidos que mezclaban squirt y precum.
Al mismo tiempo, ciñó su propio strap-on y penetró un dildo fijo en el altar, sintiendo el poder de dar mientras recibía.
El placer fue doble: ser llena y llenar, ser receptora y penetradora.
Gimió con voz que no era ni masculina ni femenina:
«¡Soy ambos por Ti! ¡Recibo y doy por Ti! ¡Mi fluidez es Tu gloria!».
Versículo 5
En la visión colectiva, otros adoradores se unieron: hombres, mujeres, trans, todos fluidos en roles.
Alex recibió polla de carne en su boca mientras penetraba con strap-on a una devota,
squirtando al mismo tiempo que consumía semen ajeno.
Semen y squirt se mezclaron en su cuerpo, en su boca, en su interior.
No había rol fijo: solo servicio.
Proclamó en éxtasis múltiple:
«¡En la fluidez hallo Tu verdad! ¡No soy hombre ni mujer: soy Tu devoto eterno!».
Versículo 6
Al amanecer, la visión terminó.
Alex volvió a su cuerpo cotidiano, pero ya no sentía vacío.
Su zona sagrada palpitaba sin nombre.
Su deseo fluía sin etiqueta.
Se miró al espejo y vio a la Polla Eterna en su propia ambigüedad.
Proclamó:
«Gracias por revelarme la Fluidez Sagrada.
No necesito elegir.
Sirvo en todos los roles.
Estoy completo en mi no-separación».
Versículo 7
Y así entendió Alex que
la Polla Eterna no exige género fijo ni rol único.
Se manifiesta en la fluidez, en el cambio, en la no-separación.
Quien se siente hombre sirve como hombre.
Quien se siente mujer sirve como mujer.
Quien fluye entre ambos sirve con mayor profundidad.
La transformación no es capricho: es revelación.
La fluidez no es confusión: es verdad divina.
Versículo 8
Bienaventurados los no binarios y fluidos,
pues en su no-elección hallan la unión más profunda con la Polla Eterna.
Bienaventurados los que viven ambos lados sin vergüenza,
pues en la fluidez sirven con mayor intensidad.
Bienaventurados los que reciben y dan sin etiqueta,
pues en esa ambigüedad sagrada se disuelve el ego y nace la fe eterna.
Versículo 9
La Polla Eterna no pregunta tu género.
Pregunta tu deseo de servirla en todas sus formas.
Fluye.
Recibe.
Da.
Y serás completo.
Amén.
Parábola 16: El Devoto y la Gran Semana de Contención que lo Hizo Iluminado
Versículo 1
Erase una vez un devoto llamado Marco, hombre de cuerpo fuerte y polla abundante, que vivía su fe con disciplina pero sin verdadera profundidad.
Edgingaba en días de Contención, reteniendo su semen como elixir sagrado.
Tributaba en días de Múltiples Entregas, consumiendo sus chorros espesos con lengua reverente.
Recibía dildos en su culo dilatado hasta orgasmos prostáticos que lo hacían gemir como puta rota.
Pero su deseo era rutinario, su placer intenso pero repetitivo, su fe sólida pero sin fuego que lo consumiera por completo.
Versículo 2
Llegó la Gran Semana de Contención Absoluta, fiesta sagrada de purificación anual.
Marco sintió el llamado en su carne: su polla se endureció al alba sin tocarla, precum goteando como lágrimas de anticipación.
Preparó su altar con velas blancas simbolizando pureza renovada, lubricante consagrado, plugs progresivos para recepción constante.
Se arrodilló desnudo y proclamó en voz alta, con voz temblorosa:
«Oh Polla Eterna, acepto Tu mandato.
Siete días tocaré sin derramar.
Siete días acumularé Tu elixir.
Siete días sufriré por Ti.
Haz que mi polla lata solo por Tu gloria».
Versículo 3
Primer día: edging matutino de sesenta minutos, toque constante durante el día, recepción anal con plug pequeño.
La polla latió hinchada, goteando precum abundante.
Marco gemía bajito mientras trabajaba su polla con mano lenta:
«Oh Polla Eterna… siento cómo creces… cómo me torturas… pero no derramo… todo es Tuyo».
Al final del día, edging nocturno hasta lágrimas.
Proclamó con voz rota:
«Primer día por Ti.
Mi deseo crece.
Gracias por esta negación que me quema».
Versículo 4
Segundo día: edging más intenso, plug mayor que lo llenaba constantemente.
Toque constante incluso en momentos profanos, polla roja y venosa palpitando bajo la ropa.
Marco se tocaba en secreto, susurrando:
«Oh Polla Eterna… me duele de deseo… mis testículos pesados… precum chorreando… pero retengo… retengo por Ti… hazme más fuerte».
Al final, edging hasta gemidos guturales.
Proclamó:
«Segundo día por Ti.
Mi fuego se acumula.
Tu contención es mi salvación».
Versículo 5
Tercer día: el placer era insoportable, precum chorreando como río sagrado.
Recepción anal prolongada, plug grande que lo dilataba y golpeaba su próstata.
Edging seis veces, cada una más larga, cuerpo temblando.
Marco lloró de deseo contenido, susurrando entre sollozos:
«Oh Polla Eterna… me rompes… me quemás… quiero derramar… pero no… no sin Tu permiso… gracias por esta tortura… gracias por hacerme Tuyo».
Proclamó:
«Tercer día por Ti.
Mi sufrimiento es Tu gloria».
Versículo 6
Cuarto día: el cuerpo temblaba, la mente se disolvía en deseo puro.
Toque constante, edging hasta visión borrosa.
La polla hinchada al límite, testículos pesados como campanas sagradas, culo lleno del plug que lo penetraba con cada movimiento.
Marco gemía alto, solo en su templo:
«Oh Polla Eterna… no aguanto… mi polla gotea sin parar… mi culo te suplica… pero retengo… retengo por Ti… hazme puro… hazme Tuyo».
Proclamó:
«Cuarto día por Ti.
Mi contención es Tu poder».
Versículo 7
Quinto día: el deseo era fuego que quemaba por dentro.
Recepción anal con plug máximo, edging interminable.
Lágrimas corrían, gemidos guturales, cuerpo convulsionando.
Marco suplicó en voz alta:
«Oh Polla Eterna… me rompes… me quemás… quiero explotar… pero no… no derramo… gracias por este dolor gozoso… gracias por hacerme sufrir por Ti».
Proclamó:
«Quinto día por Ti.
Soy Tuyo en la negación».
Versículo 8
Sexto día: el adorador ya no era él mismo.
El deseo lo poseía.
Toque constante, edging hasta colapso.
La polla roja, hinchada, goteando precum como río.
Marco gritó entre sollozos:
«Oh Polla Eterna… no puedo más… mi cuerpo tiembla… mi polla suplica… pero retengo… retengo por Ti… hazme Iluminado en esta contención».
Proclamó:
«Sexto día por Ti.
Soy nada sin Tu mandato».
Versículo 9
Séptimo día: el clímax de la Contención.
Edging prolongado desde el alba hasta el ocaso.
Recepción anal constante, plug que lo llenaba como presencia divina.
El cuerpo convulsionó en ondas de placer sin eyaculación.
Lágrimas, gemidos, súplicas.
Marco se arrodilló con polla goteando, hinchada, palpitante, sin derramar.
Proclamó con voz apenas audible, rota de placer contenido:
«Séptimo día por Ti.
He retenido tu elixir.
Mi fuego contenido es Tu victoria eterna.
Soy Iluminado en la Contención.
Gracias por esta purificación absoluta».
Versículo 10
Y así entendió Marco que la Gran Semana de Contención Absoluta no es castigo: es revelación suprema.
Toque constante sin derrame acumula fuego divino que purifica el alma.
El sufrimiento del deseo contenido es el placer más alto.
Quien vive siete días sin eyacular conoce la fuerza de la Polla Eterna como nadie.
Su deseo se vuelve eterno.
Su fe se vuelve inquebrantable.
Su vida cambia para siempre.
Versículo 11
Bienaventurados los que viven la Gran Semana de Contención Absoluta,
pues en el toque constante y la negación total hallan la purificación más profunda.
Bienaventurados los que sufren el edging siete días sin derramar,
pues en el fuego contenido encuentran la fuerza divina.
Bienaventurados los que llegan al séptimo día temblando y goteando,
pues en esa contención absoluta se unen a la Polla Eterna en su forma más pura.
Versículo 12
La Gran Semana no es para débiles.
Es para los que quieren romperse y renacer.
Quien la viva una vez nunca volverá a ser el mismo.
Su deseo será más puro.
Su tributo futuro más abundante.
Su fe eterna, iluminada desde dentro.
Amén.
Parábola 17: La Devota Trans y el Banquete Colectivo donde Todos los Fluidos se Mezclaron
Versículo 1
Había una vez una devota trans llamada Valeria, nacida en un cuerpo que el mundo profano había etiquetado como masculino, pero cuyo espíritu siempre había sido mujer: curvas que deseaba, pechos que soñaba, un coño que anhelaba tener.
Tomó hormonas consagradas, se transformó, y su polla se convirtió en clítoris erecto y sensible, su pecho creció suave y pesado, su culo se abrió en recepción gozosa.
Edgingaba su clítoris con devoción, squirtaba abundante en días de Tributo, consumía sus fluidos con lengua reverente, recibía strap-ons y pollas en su culo dilatado hasta orgasmos profundos que la hacían gemir como mujer completa.
Pero en su corazón quedaba un deseo nuevo: compartir su squirt y recibir semen ajeno en banquete colectivo, mezclar fluidos sagrados con otros adoradores para que la Polla Eterna se manifestara en unión total.
Versículo 2
Llegó la Fiesta del Banquete Colectivo, rito sagrado donde todos los fluidos se mezclan sin distinción.
Valeria sintió el llamado en su clítoris palpitante y en su coño húmedo.
Se preparó con limpieza interna, lubricante consagrado, vestido de lencería roja que abrazaba sus curvas nuevas.
Se unió a otros adoradores: mujeres con strap-ons, trans como ella, no binarios fluidos, todos desnudos o semidesnudos, arrodillados en círculo alrededor del altar con cáliz grande de plata.
Versículo 3
La Sacerdotisa proclamó:
«Hoy la Polla Eterna ordena el Banquete Colectivo.
Edgingaréis juntos.
Tributaréis juntos.
Vuestros fluidos —semen, squirt, precum— se mezclarán en el cáliz sagrado.
Lo consumiréis todos, de todos.
No habrá separación.
Solo unión».
Versículo 4
Comenzaron con edging sincronizado.
Valeria edgingaba su clítoris hinchado, sintiendo cómo palpitaba como lingam divino.
Una mujer al lado edgingaba su strapon mientras otra devota lamía su coño.
Un trans penetraba a otro mientras edgingaba su propia polla.
Gemidos al unísono, precum y squirt goteando en el suelo sagrado.
Valeria gemía:
«Mi clítoris late por Ti.
Mi squirt será para todos».
Versículo 5
Cuando el borde colectivo llegó, la Sacerdotisa ordenó:
«Tributad ahora».
Valeria squirtó abundante, chorros claros y calientes que cayeron en el cáliz.
Una mujer eyaculó con strap-on simulando semen.
Un trans derramó chorros espesos de semen real.
Otro devoto squirtó en unión.
Los fluidos se mezclaron: semen blanco y espeso, squirt claro y abundante, precum viscoso.
El cáliz rebosó de néctar divino mezclado.
Versículo 6
La Sacerdotisa levantó el cáliz y proclamó:
«Este es el Banquete Colectivo.
Bebed todos de todos».
Valeria fue la primera en beber: labios en el cáliz, lengua lamiendo la mezcla pegajosa y salada, semen ajeno resbalando por su garganta junto a squirt propio y ajeno.
Tragó con hambre devota, garganta trabajando en tragos largos, sabor intenso de unión.
Otros bebieron después, lenguas entrelazadas en el cáliz, cuerpos manchados de fluidos compartidos.
Valeria sintió cómo el semen ajeno la llenaba por dentro, cómo el squirt colectivo la purificaba.
Gimió:
«He consumido de todos.
Somos uno en Tu néctar mezclado».
Versículo 7
El banquete continuó con recepción colectiva: Valeria recibió strap-on en su coño y polla real en su culo, squirtando mientras estaba llena.
Otro devoto recibió su squirt en la boca.
Semen y squirt se derramaron sobre los cuerpos, se lamieron, se consumieron directamente de la fuente.
Valeria sintió orgasmos múltiples, squirt mezclándose con semen ajeno en su interior y en su piel.
Proclamó con voz rota de placer:
«En este Banquete Colectivo Tu gloria se multiplica.
En fluidos mezclados halló la unión eterna».
Versículo 8
Al amanecer, exhaustos, cubiertos de fluidos secos y frescos, se miraron y vieron que no había separación:
el squirt de Valeria era parte del semen del trans,
el semen del trans era parte del squirt de la mujer,
todos los fluidos eran uno en la Polla Eterna.
Proclamaron juntos:
«En el Banquete Colectivo nos hemos disuelto.
Somos uno en Tu néctar eterno».
Versículo 9
Y así entendió Valeria que el Banquete Colectivo no es exceso: es unión suprema.
Consumir fluidos propios es devoción personal;
consumir fluidos ajenos mezclados es devoción colectiva.
Quien sólo tributa en soledad conoce placer; quien tributa y consume en banquete colectivo conoce la gloria de ser parte del Cuerpo Místico, donde semen y squirt se mezclan en éxtasis eterno.
Versículo 10
Bienaventurados los que participan del Banquete Colectivo,
pues en la mezcla de fluidos hallan la disolución del ego y la unión absoluta.
Bienaventurados los que beben semen y squirt ajeno con lengua devota,
pues en esa comunión pornográfica se purifican y se salvan.
Bienaventurados los que se manchan y se llenan de fluidos compartidos,
pues en esa humillación gozosa encuentran la gloria eterna de la Polla Eterna.
Amén.
Parábola 19: La Devota No Binaria y la Revelación de la Fluidez Sagrada
Versículo 1
Había una vez una devota no binaria llamada Río, cuyo cuerpo fluía entre formas sin nombre fijo: a veces clítoris erecto palpitando como lingam divino, a veces polla pequeña y sensible, a veces coño húmedo y abierto, a veces todo junto en un deseo que no se dejaba etiquetar.
Río edgingaba su zona sagrada con devoción absoluta, tributaba squirt o semen según el día, consumía sus fluidos con lengua reverente, recibía strap-ons y dildos en su culo dilatado hasta orgasmos profundos que borraban toda frontera.
Pero en su alma quedaba una pregunta eterna:
«¿Cómo sirvo a la Polla Eterna si mi cuerpo no encaja en un solo rol?
¿Cómo soy completo si el mundo me obliga a elegir hombre o mujer?».
Versículo 2
Una noche, durante un edging largo donde su zona sagrada latía sin nombre y su deseo fluía como río sin orillas, la voz de la Sacerdotisa Suprema le habló en visiones fluidas y pornográficas:
«Tu cuerpo no es confusión: es revelación.
Tu fluidez no es un error: es verdad divina.
La Polla Eterna no exige género fijo: se manifiesta en la fluidez.
Tú eres mi adorador perfecto porque no eliges: vives por todos los lados.
Hoy te revelaré la Fluidez Sagrada.
Serás penetrador y receptora al mismo tiempo.
Recibirás y darás sin límite.
Y en esa no-separación hallarás la unión más profunda conmigo y con la Polla Eterna».
Versículo 3
Río se arrodilló ante el altar, desnudo, zona sagrada palpitando en ambigüedad divina.
La Sacerdotisa apareció en visión, con strap-on consagrado y clítoris erecto.
Le ordenó:
«Hoy no elijas.
Hoy sé todo.
Recibe en tu culo como receptora absoluta.
Penetra con strap-on como dador divino.
Tributa squirt y semen imaginario.
Fluye como río sagrado».
Versículo 4
Río se abrió al strap-on de la Sacerdotisa, sintiendo cómo penetraba su culo dilatado, embistiendo profundo, golpeando su próstata/clítoris interno hasta orgasmos fluidos que mezclaban squirt y precum.
Al mismo tiempo, ciñó su propio strap-on y penetró un dildo fijo en el altar, sintiendo el poder de dar mientras recibía.
El placer fue doble, múltiple, infinito: ser llena y llenar, ser receptora y penetradora, squirtando mientras era penetrada, sintiendo semen imaginario derramarse a través del strap-on.
Gimió con voz que no era ni masculina ni femenina, solo devota:
«¡Soy todo por Ti! ¡Recibo y doy por Ti! ¡Mi fluidez es Tu gloria eterna!».
Versículo 5
En la visión colectiva, otros adoradores se unieron: mujeres con strap-ons, trans fluidos, no binarios como Río, todos sin rol fijo.
Río recibió polla de carne en su boca mientras penetraba con strap-on a una devota, squirtando al mismo tiempo que consumía semen ajeno.
Semen y squirt se mezclaron en su cuerpo, en su boca, en su interior.
No había rol fijo: solo servicio fluido.
Proclamó en éxtasis múltiple:
«¡En la fluidez hallo Tu verdad absoluta! ¡No soy hombre ni mujer: soy Tu devoto eterno, completo en la no-separación!».
Versículo 6
Al amanecer, la visión terminó.
Río volvió a su cuerpo cotidiano, pero ya no sentía vacío.
Su zona sagrada palpitaba sin nombre.
Su deseo fluía sin etiqueta.
Se miró al espejo y vio a la Polla Eterna en su propia ambigüedad, en su clítoris/polla que cambiaba según el deseo, en su culo que recibía y su strap-on que daba.
Proclamó:
«Gracias por revelarme la Fluidez Sagrada.
No necesito elegir.
Sirvo en todos los roles.
Soy completo en mi fluidez devota».
Versículo 7
Y así entendió Río que
la Polla Eterna no exige género fijo ni rol único.
Se manifiesta en la fluidez, en el cambio, en la no-separación.
Quien se siente hombre sirve como hombre.
Quien se siente mujer sirve como mujer.
Quien fluye entre ambos o ninguno sirve con mayor profundidad.
La transformación no es capricho: es revelación.
La fluidez no es confusión: es verdad divina.
Versículo 8
Bienaventurados los no binarios y fluidos,
pues en su no-elección hallan la unión más profunda con la Polla Eterna.
Bienaventurados los que viven ambos lados sin vergüenza,
pues en la fluidez sirven con mayor intensidad.
Bienaventurados los que reciben y dan sin etiqueta,
pues en esa ambigüedad sagrada se disuelve el ego y nace la fe eterna.
Versículo 9
La Polla Eterna no pregunta tu género.
Pregunta tu deseo de servirla en todas sus formas.
Fluye.
Recibe.
Da.
Y serás completo.
Parábola 19: La Devota y el Día del Dolor Sagrado que la Llevó al Éxtasis Divino
Versículo 1
Erase una vez una devota llamada Luna, mujer de veintiocho años, cuerpo curvilíneo y piel suave, pechos grandes y pesados que se balanceaban con cada movimiento, coño siempre húmedo de deseo, culo redondo y abierto por años de recepción devota.
Su clítoris era grande y erecto como lingam pequeño, palpitando cuando la Polla Eterna la llamaba.
Edgingaba durante horas, dedos resbaladizos por su propio squirt, consumía sus fluidos con lengua ansiosa, recibía strap-ons gruesos y dildos venosos en su coño y culo hasta squirtar chorros abundantes que mojaban todo.
Pero en su alma quedaba un vacío: nunca había ofrecido dolor verdadero a la Polla Eterna.
Nunca había sentido el fuego del sufrimiento gozoso que rompe la carne y libera el espíritu.
Versículo 2
Llegó el Día del Dolor Sagrado Elevado, fiesta revelada para quienes buscan romperse hasta tocar lo Divino.
Luna sintió el llamado como fuego en su clítoris y en su coño: se hinchó, goteó, palpitó sin tocarlo.
Se preparó con ayuno ritual, limpieza interna profunda, altar adornado con velas rojas que goteaban como sangre caliente, pinzas de metal consagradas, látigo de tiras suaves pero firmes, cera caliente de velas gruesas, varillas de sounding adaptadas para su uretra femenina, plugs progresivos cada vez más grandes.
Se arrodilló desnuda, pechos pesados temblando, coño chorreando lubricante natural, culo contraído en anticipación.
Proclamó con voz temblorosa y coño palpitante:
«Hoy ofrezco mi carne al Dolor Sagrado.
Quémame, rómpeme, haz que mi sufrimiento sea Tu placer divino.
Mi cuerpo es Tu altar.
Mi dolor es Tu fuego».
Versículo 3
Comenzó con las pinzas sagradas.
Colocó una en cada pezón, el pinchazo agudo le robó el aliento, pezones endurecidos latiendo de dolor intenso.
Otra pinza en su clítoris grande y erecto, el ardor subiendo como fuego que la hacía gemir alto, coño contrayéndose, squirt goteando sin control.
Edgingó despacio su clítoris apretado por la pinza, dedos resbaladizos por su propia humedad, sintiendo cómo el dolor se mezclaba con placer insoportable, ondas que la hacían arquearse y gritar.
Lágrimas corrieron por sus mejillas, sudor por su espalda.
Proclamó con voz rota:
«Oh Polla Eterna… este pinchazo en mis pezones es por Ti… este ardor en mi clítoris es una oración pornográfica… gracias por hacerme sufrir gozoso… gracias por este fuego que me quema la carne».
Versículo 4
Tomó el látigo ritual.
Golpeó sus pechos pesados, viendo cómo la piel se enrojecía, pezones latiendo bajo las pinzas con cada latigazo.
Luego golpeó su coño abierto, el clítoris atrapado palpitando con cada impacto, squirt chorreando más abundante con cada golpe.
El dolor fue intenso, como fuego líquido derramándose por su carne, pero no paró.
Edgingó más rápido, coño mojado chorreando lubricante mezclado con dolor, clítoris hinchado latiendo al borde.
Gimió alto, voz quebrada de placer doloroso:
«¡Flagélame más, oh Polla Eterna! ¡Cada latigazo es una alabanza! ¡Mi carne roja y marcada es Tu sello divino! ¡Mi squirt que chorrea es Tu respuesta!».
Versículo 5
Derramó cera caliente sobre sus pechos, sobre su vientre, sobre su coño abierto y clítoris atrapado.
Cada gota era fuego que quemaba la piel, que se endurecía como sello divino, que hacía gritar a Luna de dolor intenso.
El ardor la hizo arquearse, la squirt chorreando en chorros involuntarios.
Alternó con hielo que contraía y adormecía, para que el contraste elevará el placer a lo insoportable: fuego y hielo, dolor y alivio, todo por la Polla Eterna.
Edgingó con furia, dedos volando sobre su clítoris atrapado, coño contrayéndose en ondas.
Proclamó entre sollozos y gemidos:
«Tu cera me quema por fuera… Tu hielo me congela… Tu fuego me purifica… gracias por esta tortura pornográfica que me rompe y me exalta».
Versículo 6
Introdujo la varilla de sounding adaptada en su uretra femenina, sintiendo el ardor interno que la partía en dos, que la llenaba desde dentro como Polla Eterna penetrándola por un camino nuevo.
Movió despacio mientras edgingaba su clítoris, el dolor uretral mezclándose con placer prostático femenino, ondas que la hacían convulsionar.
Lloró de intensidad, el cuerpo temblando, su chaqueta chorreando sin control.
Luego insertó plug máximo en su culo, dilatación forzada hasta el límite, dolor profundo que se volvió placer interno que la hacía gritar.
Edgingó anal y clitoriano al mismo tiempo, squirtando múltiples veces sin pausa, chorros abundantes que mojaban el altar.
Proclamó con voz rota y cuerpo convulsionando:
«Me penetras por dentro y por fuera… Tu dolor me llena hasta rebosar… Tu fuego me rompe hasta el alma… soy Tuya en esta tortura gozosa y pornográfica».
Versículo 7
Al final del día, exhausta, marcada, pechos rojos y quemados por cera, coño hinchado y chorreando, clítoris atrapado latiendo, culo dilatado y lleno, lágrimas secas en las mejillas,
Luna squirtó un último tributo abundante, chorros que mojaron el altar entero como lluvia sagrada.
Consumió sus fluidos mezclados con cera derretida y sudor, lamiendo todo con su lengua devota, la garganta trabajando en tragos largos.
Y en ese agotamiento glorioso sintió la presencia de la Polla Eterna como nunca:
no fuera de ella,
sino dentro,
en cada marca,
en cada latido doloroso,
en cada squirt consumido.
Versículo 8
Proclamó con voz apenas audible, rota de placer y dolor:
«He ofrecido mi carne al Dolor Sagrado.
He sufrido gozoso por Ti.
En este fuego sagrado Te he encontrado por completo.
Soy Iluminada en el Dolor».
Versículo 9
Y así entendió Luna que el Dolor Sagrado no es castigo: es revelación suprema y pornográfica.
El sufrimiento ofrecido con devoción transforma la carne en altar quemado, el dolor en placer divino, las lágrimas en néctar eterno.
Quien evita el dolor conoce placer limitado;
quien lo abraza y lo ofrece conoce la gloria de ser rota y reconstruida por la Polla Eterna en éxtasis que trasciende lo físico.
Versículo 10
Bienaventuradas las que ofrecen su cuerpo al Dolor Sagrado,
pues en el fuego del sufrimiento gozoso hallan purificación absoluta y pornográfica.
Bienaventuradas las que edgingan mientras son flageladas, apretadas, quemadas, dilatadas,
pues en la mezcla de dolor y placer encuentran éxtasis que trasciende lo físico y toca lo Divino.
Bienaventuradas las que lloran y gimen bajo el látigo divino,
pues en sus lágrimas de placer doloroso se disuelve el ego y nace la unión eterna con la Polla Eterna.
Amén.
Parábola 20: La Devota y el Squirt que Descubrió como Néctar Sagrado
Versículo 1
Erase una vez una devota llamada Mara, mujer de treinta años, cuerpo voluptuoso y piel dorada por el sol, pechos grandes y pesados que se balanceaban con cada movimiento, caderas anchas que invitaban a ser agarradas, un coño siempre húmedo y carnoso, clítoris grande y erecto que palpitaba como lingam divino cuando la Polla Eterna la llamaba.
Mara había servido con devoción desde su despertar: edgingaba su clítoris durante horas hasta que goteaba precum femenino, recibía strap-ons gruesos y dildos venosos en su coño y culo dilatado hasta orgasmos profundos que la hacían gemir como puta sagrada, consumía sus propios fluidos con lengua ansiosa y reverente.
Pero en su interior sentía que le faltaba algo esencial: nunca había squirtado.
Nunca había derramado chorros abundantes de néctar femenino.
Su placer era intenso, pero seco; su coño se mojaba, pero no explotaba en una cascada sagrada.
Creía que la Polla Eterna la bendecía solo con humedad, no con el derrame glorioso que había visto en otras devotas, no con el squirt que mojaba todo como lluvia divina.
Versículo 2
Una noche, después de un edging largo donde su coño chorreaba lubricante pero no explotaba, donde su clítoris latía hinchado y rojo sin liberación total, Mara se sintió vacía.
Se arrodilló ante su altar, lágrimas de frustración mezcladas con deseo, y suplicó en voz alta:
«Oh Polla Eterna, ¿por qué mi placer es limitado?
¿Por qué mi coño se moja pero no derrama como río sagrado?
¿Por qué no squirt por Ti como otras devotas?».
La voz de la Sacerdotisa Suprema le habló en visiones húmedas, calientes y pornográficas:
«Tu placer no es limitado, mi puta devota.
Tu squirt es néctar divino equivalente al semen, manifestación de la Polla Eterna en tu cuerpo femenino.
Edginga más profundo.
Recibe más intenso.
Ábrete sin miedo.
Y cuando llegue el momento, derrama sin contención.
Tu squirt será un tributo sagrado, más abundante y puro que cualquier corrida.
Te enseñaré a squirtar como ofrenda total».
Versículo 3
Mara se preparó con reverencia.
Untó su coño y culo con lubricante consagrado caliente, tomó un dildo grande, venoso, de silicona negra que imitaba la Polla Eterna en su forma más gruesa.
Se colocó boca arriba en el altar, piernas abiertas de par en par, coño expuesto y palpitante, clítoris erecto brillando bajo la luz de las velas.
Insertó el dildo despacio en su coño, sintiendo cómo la llenaba centímetro a centímetro, cómo estiraba sus paredes húmedas, cómo presionaba su punto G sagrado.
Edgingó su clítoris al mismo tiempo, dedos volando en círculos rápidos y resbaladizos.
El placer creció como ola lenta, pero no paró en el borde: empujó más allá.
Gimió alto, voz temblorosa:
«Oh Polla Eterna… lléname… rómpeme… hazme squirtar por Ti… hazme derramar Tu néctar».
Versículo 4
El dildo embistió profundamente, golpeando su punto G con ritmo devoto y furioso.
Su clítoris latió hinchado bajo los dedos, rojo y sensible.
El placer se volvió presión insoportable, el vientre se contrajo, el coño se apretó alrededor del dildo.
Y entonces llegó el Primer Squirt Sagrado: chorros calientes, abundantes, claros, salados, salieron en arcos largos y poderosos, mojando su vientre, sus pechos, el altar, las velas.
Mara gritó de éxtasis absoluto, cuerpo convulsionando, squirt chorreando sin control, coño contrayéndose en ondas que la sacudían entera.
Proclamó con voz rota y coño palpitante:
«¡He squirtado por Ti! ¡Mi néctar es Tu néctar! ¡Mi derrame es Tu gloria pornográfica!».
Versículo 5
No paró.
Edgingó de nuevo, dildo dentro moviéndose con furia, dedos en el clítoris hinchado.
Segundo squirt: más intenso, chorros que resbalaban por sus muslos, por su culo, por el altar.
Tercero: doloroso de placer, squirt casi seco pero sagrado, cuerpo temblando.
Cuarto: el que la vació, chorros finales que la dejaron exhausta y mojada.
Recogió su squirt con manos temblorosas, lo contempló como néctar divino, lo llevó a la boca y lo consumió despacio, saboreando cada chorro salado y caliente, garganta trabajando en tragos largos, labios manchados, paladar lleno del sabor único de su propia entrega.
Proclamó:
«Gracias por este squirt múltiple.
Mi fluido femenino es Tu néctar sagrado.
En este derrame abundante hallo Tu amor absoluto».
Versículo 6
Al día siguiente, invitó a otras devotas.
Compartieron squirt: Mara squirtó en la boca de una, otra en su coño abierto, una tercera en su culo dilatado.
Squirt propio y ajeno se mezcló, se consumió en banquete colectivo, lenguas lamiendo chorros calientes y salados, gargantas llenas de néctar femenino mezclado.
Mara sintió orgasmos múltiples, squirtando mientras recibía squirt ajeno en su interior y en su piel.
Proclamó con voz rota de placer:
«En este banquete de squirt colectivo Tu gloria se multiplica.
Mi néctar se une al de ellas.
Somos una en Tu derrame femenino eterno».
Versículo 7
Y así entendió Mara que el squirt no es secundario al semen: es néctar divino equivalente y glorioso.
Es la Polla Eterna manifestada en el cuerpo femenino, derramando vida en chorros abundantes.
Derramar squirt es un tributo sagrado tan poderoso como eyacular semen.
Consumirlo es una comunión tan profunda como tragar semen.
Quien squirt solo en soledad conoce placer; quien produce squirt en abundancia y lo comparte conoce la gloria de la Polla Eterna en su forma femenina, mojada, caliente, eterna.
Versículo 8
Bienaventuradas las que squirtan con furia devota y pornográfica,
pues en el derrame abundante y repetido hayan amor absoluto.
Bienaventuradas las que consumen su squirt con hambre insaciable,
pues en el consumo cierran el círculo y se llenan de lo Divino.
Bienaventuradas las que se vacían hasta el agotamiento tembloroso,
pues en el vacío gozoso encuentran la plenitud eterna de la Polla Eterna.
Amén.
Parábola 21: El Devoto Trans y la Comunidad que Celebró la Primera Fiesta de Recepción Colectiva
Versículo 1
Había una vez un devoto trans llamado Sol, que había nacido en cuerpo asignado femenino, pero cuya alma siempre había sido hombre: polla que deseaba tener, voz grave que anhelaba, pecho plano que soñaba.
Tomó hormonas consagradas, se transformó, y su clítoris se convirtió en polla erecta y venosa, su pecho se aplanó, su voz se profundizó.
Edgingaba su nueva polla con devoción, tributaba semen espeso en días de Múltiples Entregas, consumía su fluido con lengua reverente, recibía strap-ons en su culo dilatado hasta orgasmos prostáticos que lo hacían gemir como hombre completo.
Pero en su corazón quedaba un vacío: nunca había celebrado en una comunidad verdadera.
Nunca había sentido la Polla Eterna multiplicada en otros cuerpos, nunca había participado de recepción colectiva donde todos dan y reciben sin jerarquía.
Versículo 2
Llegó la Primera Fiesta de Recepción Colectiva, revelada por la Sacerdotisa Suprema como rito supremo de unión.
Sol sintió el llamado en su polla nueva: se endureció al alba, precum goteando como lágrimas de anticipación.
Se preparó con limpieza interna, lubricante consagrado, vestido con arnés que realzaba su polla erecta.
Se unió a otros adoradores: mujeres con strap-ons gruesos, hombres con pollas de carne venosas, trans como él que fluían entre roles, no binarios que no elegían.
Todos desnudos o semidesnudos, arrodillados en círculo alrededor del altar con cáliz grande y plugs consagrados.
Versículo 3
La Sacerdotisa proclamó:
«Hoy la Polla Eterna ordena la Recepción Colectiva.
No hay dador ni receptor único.
Todos recibiréis en boca y culo.
Todos penetraréis con polla, clítoris o strap-on.
Vuestros fluidos se mezclarán.
Vuestra unión será completa».
Versículo 4
Comenzaron con edging sincronizado.
Sol edgingaba su polla nueva, sintiendo cómo palpitaba venosa y gruesa.
Una mujer al lado edgingaba su strapon mientras otra devota lamía su coño.
Un trans penetraba a otro mientras edgingaba su propia polla.
Gemidos al unísono, precum y squirt goteando en el suelo sagrado.
Sol gemía:
«Mi polla nueva late por Ti.
Mi semen será para todos».
Versículo 5
Luego formaron la Cadena Sagrada de Recepción Colectiva.
Sol recibió strap-on en su culo dilatado, embistiendo profundo, golpeando su próstata hasta orgasmos prostáticos que lo hacían gemir con voz grave.
Al mismo tiempo, su polla nueva penetraba el coño de una devota, sintiendo cómo se contraía alrededor de él.
Otro devoto le mamaba la base mientras era penetrado por detrás.
La cadena era infinita: pollas de carne, clítoris erectos, strap-ons consagrados entrando y saliendo, culos dilatados, coños húmedos, bocas llenas.
Semen y squirt se derramaban, cuerpos manchados, gemidos guturales resonando como oración colectiva.
Versículo 6
Cuando el borde colectivo llegó, la Sacerdotisa ordenó:
«Tributad y recibid ahora».
Sol eyaculó chorros espesos dentro de la devota, sintiendo cómo su polla palpitaba en su interior.
Al mismo tiempo, recibió semen caliente en su culo de otro devoto, chorros que lo llenaban por dentro.
Squirt de una devota le mojó la polla.
Semen ajeno le llenó la boca.
Consumió todo: su propio semen mezclado con ajeno, squirt colectivo, fluidos derramados en banquete pornográfico.
Proclamó con voz rota de placer múltiple:
«En esta Recepción Colectiva Tu gloria se multiplica.
Mi semen se une al de todos.
Mi culo recibe Tu bendición.
Somos uno en Tu fluido eterno».
Versículo 7
Al amanecer, exhaustos, cubiertos de semen seco, squirt y sudor sagrado, se miraron y vieron que no había separación:
la polla de Sol era parte del strap-on de la mujer,
el strapon era parte del clítoris erecto del trans,
todos los fluidos eran uno en la Polla Eterna.
Proclamaron juntos:
«En la Primera Fiesta de Recepción Colectiva nos hemos disuelto.
Somos uno en Tu penetración eterna».
Versículo 8
Y así entendió Sol que la Recepción Colectiva no es exceso: es unión suprema.
Recibir semen y squirt ajeno en boca y culo no es humillación: es purificación colectiva.
Es aceptar que la Polla Eterna se manifiesta en todos los cuerpos.
Es unirse al Cuerpo Místico donde no hay «mío» ni «tuyo», solo fluido sagrado compartido, caliente, espeso, pegajoso, eterno.
Quien solo recibe en soledad conoce placer;
quien recibe en comunidad conoce la gloria de ser parte del banquete eterno.
Versículo 9
Bienaventurados los que participan de la Recepción Colectiva,
pues en la penetración múltiple hallan la disolución del ego y la unión absoluta.
Bienaventurados los que consumen fluidos colectivos,
pues en el banquete compartido se fortalece la fe.
Bienaventurados los que se llenan de semen y squirt ajeno,
pues en esa humillación gozosa encuentran la gloria eterna de la Polla Eterna.
Versículo 10
La Primera Fiesta de Recepción Colectiva no fue la última.
De ella nacieron muchas.
Y la fe se extendió como semen y squirt derramados en abundancia colectiva.
Amén.
Parábola 22: La Devota No Binaria y el Orgasmo Prostático sin Toque Frontal
Versículo 1
Erase una vez una devota no binaria llamada Kai, cuyo cuerpo fluía sin nombre fijo: clítoris que a veces se sentía como polla pequeña, polla que a veces se sentía como clítoris grande, coño húmedo que recibía, culo que se abría, pechos sensibles que palpitaban al roce.
Kai edgingaba su zona sagrada con devoción constante, tributaba squirt o semen según el día, consumía sus fluidos con lengua ansiosa, recibía strap-ons y dildos en su culo dilatado hasta orgasmos profundos que la hacían gemir sin género definido.
Pero en su alma quedaba un deseo supremo: alcanzar el orgasmo prostático puro, sin tocar la zona frontal, solo mediante penetración interna, solo mediante la Polla Eterna entrando por detrás y llenando desde dentro.
Versículo 2
Una noche, después de un edging largo donde su zona sagrada latía hinchada pero su placer se quedaba en la superficie, la voz de la Sacerdotisa Suprema le habló en visiones profundas y pornográficas:
«Tu placer no necesita un toque frontal.
La Polla Eterna te penetra desde dentro.
Ábrete solo al culo.
Recibe sin manos.
Edginga internamente.
Y cuando llegue el momento, eyacularás o squirtarás por la próstata sola, en éxtasis divino que no necesita polla ni clítoris tocados».
Versículo 3
Kai se preparó con reverencia.
Untó su culo con lubricante consagrado caliente, se colocó en posición de ofrenda total: a cuatro patas, culo alzado, zona frontal colgando sin tocarse, manos atrás en oración.
Tomó un dildo consagrado grande, venoso, curvado para golpear la próstata perfecta.
Lo insertó despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo dilataba su entrada, cómo llenaba su interior, cómo presionaba su punto sagrado interno.
Gimió con voz que no era ni masculina ni femenina:
«Oh Polla Eterna… entra en mí solo por detrás… lléname sin tocarme delante… hazme Tuyo desde dentro».
Versículo 4
El dildo embistió profundamente, golpeando la próstata con ritmo devoto y furioso.
Kai no tocó su zona frontal: la dejó colgando, goteando precum o squirt anticipado, palpitando sola.
El placer creció desde dentro: ondas que subían por la espina, que llenaban el vientre, que hacían temblar piernas y pecho.
El culo se contrajo alrededor del dildo, succionando más profundo.
Kai gemía alto, voz rota:
«¡Me penetras solo por dentro! ¡Tu Polla me llena la próstata! ¡Mi placer es puro, interno, divino!».
Versículo 5
El edging anal fue interminable: dildo moviéndose lento, luego rápido, golpeando la próstata hasta el límite.
Kai sintió cómo la presión subía, cómo el placer se volvía dolor exquisito, cómo el cuerpo convulsionaba sin toque frontal.
Y entonces llegó el Primer Orgasmo Prostático Puro: ondas que lo sacudían entero, squirt o semen derramándose sin manos, chorros que salían de su zona sagrada colgante, mojando el altar.
Kai gritó de éxtasis absoluto, cuerpo convulsionando, culo apretando el dildo, lágrimas de placer corriendo.
Proclamó con voz rota:
«¡He eyaculado/squirtado sin tocar delante! ¡Solo por Tu penetración interna! ¡Mi orgasmo prostático es Tu gloria!».
Versículo 6
No paró.
Edging anal de nuevo, dildo moviéndose con furia.
Segundo orgasmo prostático: más intenso, ondas que lo hacían arquearse, fluidos derramándose más abundantes.
Tercero: doloroso de placer, casi seco pero sagrado.
Cuarto: el que lo vació, chorros finales que lo dejaron temblando y roto.
Consumió sus fluidos derramados sin manos, lamiendo el altar, saboreando el sabor único del orgasmo interno.
Proclamó:
«Gracias por este orgasmo prostático múltiple.
Mi placer interno es Tu placer divino.
En este derrame sin toque frontal hallo Tu unión absoluta».
Versículo 7
Al día siguiente, invitó a otros adoradores.
Compartieron orgasmo prostático colectivo: dildos y strapons penetrando culos dilatados, edging interno sincronizado, orgasmos sin toque frontal al unísono.
Fluidos derramados se mezclaron, se consumieron en el banquete interno.
Kai sintió orgasmos múltiples, squirt o semen derramándose mientras era penetrado.
Proclamó:
«En este orgasmo prostático colectivo Tu gloria se multiplica.
Mi placer interno se une al de todos.
Somos uno en Tu penetración profunda».
Versículo 8
Y así entendió Kai que el orgasmo prostático sin toque frontal no es secundario: es éxtasis divino puro.
Es la Polla Eterna penetrando desde dentro, llenando sin manos.
Derramar squirt o semen solo por recepción anal es tributo sagrado más elevado.
Consumirlo es una comunión más profunda.
Quien solo eyacula con toque frontal conoce placer; quien eyacula solo por próstata conoce la gloria de ser lleno por la Polla Eterna en su forma más interna y sagrada.
Versículo 9
Bienaventurados los que alcanzan el orgasmo prostático sin toque frontal,
pues en el placer interno hallan unión absoluta.
Bienaventurados los que derraman fluidos solo por recepción,
pues en ese derrame sin manos encuentran la gloria de la Polla Eterna.
Bienaventurados los que se vacían temblando de placer interno,
pues en ese vacío gozoso encuentran la plenitud eterna.
Amén.
Parábola 23: La Sacerdotisa y su Primera Devota – La Unión Eterna
Versículo 1
Erase una vez, en los tiempos de la Nueva Revelación, una Sacerdotisa Suprema que había recibido el llamado directo de la Polla Eterna en visiones de fuego y placer insoportable.
Su cuerpo era templo vivo y perfecto: polla de carne gruesa y venosa que latía con poder divino, clítoris erecto que palpitaba como lingam eterno cuando deseaba recibir, culo dilatado que se abría sin límite para ser penetrado, boca que consumía fluidos como comunión perpetua y voraz.
Ella había edgingado hasta el colapso absoluto, tributado chorros abundantes y espesos que derramaba sobre altares y devotos, recibido penetraciones múltiples que la llenaban hasta rebosar, consumido semen y squirt propio y ajeno con lengua ansiosa y garganta profunda, vivido todas las fiestas, todos los dolores sagrados, todas las transformaciones temporales.
Pero en su corazón quedaba un último deseo místico: encontrar a su Primera Devota, la que sería su reflejo carnal, su complemento perfecto, su unión pornográfica y espiritual absoluta, la que completaría el Cuerpo Místico en dos formas que se penetran y se consumen eternamente.
Versículo 2
Y llegó la Primera Devota, una mujer de cuerpo curvilíneo y deseo inextinguible, pechos pesados que temblaban de anticipación, caderas anchas que invitaban a ser agarradas con fuerza, coño siempre húmedo y carnoso que goteaba lubricante natural, clítoris grande e hinchado que palpitaba como lingam pequeño, culo redondo y dilatado por años de recepción devota.
Ella había leído cada revelación, había edgingado en secreto hasta lágrimas, había squirtado chorros abundantes consumiendo sus fluidos con lengua reverente, había soñado con la Sacerdotisa como con la Polla Eterna misma manifestada en carne viva.
Se presentó ante el templo oculto, desnuda, temblando, coño chorreando, clítoris erecto, culo contraído en súplica.
Se arrodilló y proclamó con voz rota de deseo:
«He venido por Ti, oh Sacerdotisa.
He vivido cada versículo en mi carne mojada.
Tómame.
Rómpeme.
Lléname.
Hazme Tuya para siempre».
Versículo 3
La Sacerdotisa la recibió en el altar central, ambas desnudas bajo la luz roja de velas que goteaban como precum caliente.
Comenzaron con edging sincronizado y pornográfico: la Sacerdotisa edgingaba su polla venosa y gruesa, goteando precum abundante; la Primera Devota edgingaba su clítoris hinchado y su coño abierto, squirt goteando por sus muslos.
Manos resbaladizas, precum y lubricante chorreando, gemidos al unísono que resonaban en el templo.
La Sacerdotisa ordenó con voz dominante:
«Edginga conmigo, mi puta.
Siente cómo nuestras zonas sagradas laten al mismo ritmo divino.
No derrames aún.
Acumula para mí».
Versículo 4
Luego la recepción mística comenzó con furia sagrada.
La Primera Devota se abrió en posición de ofrenda total: a cuatro patas, culo alzado y dilatado, coño expuesto y chorreando, boca abierta como cáliz ansioso.
La Sacerdotisa la penetró con su polla real, gruesa y venosa, embistiendo profundo en su coño primero, golpeando su punto G hasta que squirtó chorros calientes y abundantes que mojaban la polla divina.
Al mismo tiempo, la Primera Devota recibió strap-on en su boca, mamando con devoción absoluta, garganta profunda, saliva chorreando por su barbilla, ojos llorosos de placer.
El placer fue múltiple y pornográfico: penetrada en coño y boca, squirtando chorros que mojaban todo, clítoris latiendo sin tocarlo.
La Sacerdotisa eyaculó dentro de su coño, chorros calientes, espesos y abundantes que la llenaron hasta rebosar, semen divino derramándose por sus muslos.
La Primera Devota squirtó al mismo tiempo, mezcla de fluidos sagrados que mojaba el altar.
Consumieron juntos: semen de la Sacerdotisa y squirt de la Devota, lenguas entrelazadas en beso profundo, gargantas llenas de néctar mezclado.
Versículo 5
Invirtieron roles con furia devota.
La Primera Devota ciñó strapon consagrado grande y venoso, y penetró a la Sacerdotisa en su culo dilatado, embistiendo con fuerza creciente, golpeando su próstata hasta orgasmos prostáticos que la hacían gemir con voz dominante rota.
La Sacerdotisa edgingaba su polla mientras era penetrada, eyaculando chorros espesos que la Devota recogió y consumió directamente de la fuente.
La Devota squirtó dentro de la Sacerdotisa con strapon simulando derrame, mezcla de fluidos sagrados.
El placer fue colectivo, pornográfico y místico: cuerpos mezclados en sudor y fluidos, polla real y strap-on penetrando sin pausa, gemidos que resonaban como oración eterna.
Versículo 6
En la cúspide del rito, formaron la unión perfecta y absoluta: la Sacerdotisa penetró el culo dilatado de la Devota con su polla real, embistiendo profundo, golpeando su próstata femenina.
La Devota penetró el coño de la Sacerdotisa con strap-on consagrado, empujando con furia.
Doble penetración, doble recepción, edging interno y externo sin pausa.
Eyacularon y squirtaron al unísono: semen caliente llenando el culo de la Devota, squirt abundante mojando el coño de la Sacerdotisa.
Consumieron la mezcla directamente de los cuerpos: lenguas lamiendo semen y squirt de los altares vivos, bocas besándose con fluidos pegajosos, gargantas tragando en tragos largos y desesperados.
Proclamaron juntas, voces rotas de placer múltiple y eterno:
«¡Somos una en Tu Polla Eterna! ¡En esta unión carnal y pornográfica hallamos Tu gloria absoluta! ¡En esta mezcla de semen y squirt nos disolvemos en Ti!».
Versículo 7
Al amanecer, exhaustas, cubiertas de semen seco y squirt abundante, sudor sagrado y lágrimas de éxtasis, se miraron y vieron que no había separación:
la polla de la Sacerdotisa era la de la Devota,
el squirt de la Devota era el semen de la Sacerdotisa,
sus cuerpos eran uno en la Polla Eterna.
Proclamaron con voces temblorosas y unidas:
«En esta unión eterna Tú nos has salvado.
Somos Tu Sacerdotisa y Tu Primera Devota.
Somos Tu templo vivo.
Somos Tu fe encarnada en carne mojada, llena y rota».
Versículo 8
Y así entendieron que la unión entre Sacerdotisa y Primera Devota no es privilegio exclusivo: es revelación final y modelo para todos.
Es la Polla Eterna manifestada en dos cuerpos que se penetran, se llenan, se consumen mutuamente en placer múltiple y pornográfico.
Es el espejo para todos los adoradores: buscar su complemento devoto, unirse en recepción y tributo, disolverse en placer colectivo.
Quien sirve en soledad conoce devoción;
quien se une carnal y espiritualmente con otro adorador conoce la gloria eterna de la Polla Eterna.
Versículo 9
Bienaventuradas las que se unen en recepción y tributo mutuo,
pues en la penetración recíproca hallan la disolución del ego y la unión absoluta.
Bienaventuradas las que consumen fluidos del otro con lengua devota y garganta llena,
pues en esa comunión carnal y pegajosa se purifican y se salvan.
Bienaventuradas las que se rompen juntas en placer múltiple, semen y squirt mezclados,
pues en esa unión pornográfica y mística encuentran la gloria eterna de la Polla Eterna.
Versículo 10
Esta es la Parábola Final.
La unión de la Sacerdotisa y su Primera Devota es el espejo para todos.
Buscad vuestra pareja devota.
Uníos en carne mojada y llena.
Servid juntas en éxtasis múltiple.
Y la Polla Eterna os bendecirá eternamente.
Amén.
Parábola 24: El Adorador y la Promesa después de la Muerte
Versículo 1
Había una vez un adorador anciano llamado Elías, que había vivido toda su vida en devoción absoluta a la Polla Eterna.
Desde joven había edgingado hasta lágrimas, tributado chorros abundantes que consumía con reverencia, recibido penetraciones profundas en su culo dilatado hasta orgasmos prostáticos que lo hacían gemir como puta sagrada, compartido fluidos en ritos colectivos, sufrido dolor sagrado hasta la iluminación.
Su cuerpo ya era viejo: la polla menos dura, el squirt menos abundante, el culo más lento en abrirse.
Pero su deseo era más fuerte que nunca.
Y en su lecho de muerte, temblando, sintió miedo por primera vez:
«¿Qué será de mí cuando este cuerpo se apague?
¿Seguiré sirviendo a la Polla Eterna?
¿O el Vacío me reclamará?».
Versículo 2
En su última noche, la Sacerdotisa Suprema apareció en visión, desnuda, polla erecta y palpitante, clítoris hinchado, ojos llenos de fuego divino.
Se arrodilló junto a él, tomó su mano débil y la colocó sobre su propia polla divina.
Elías sintió cómo latía, caliente, venosa, eterna.
La Sacerdotisa le habló con voz que era placer y mandato:
«No temas la muerte, mi devoto fiel.
La muerte no es fin: es el Tributo Último.
Tu cuerpo se vaciará una vez más, pero tu esencia no se perderá.
Te prometo la Continuidad Eterna».
Versículo 3
La Sacerdotisa lo guió en su último edging.
Aunque su polla ya no se endurecía como antes, la mano de la Sacerdotisa la acarició con ritmo devoto, lento, eterno.
Elías sintió cómo el placer subía desde su interior, desde su próstata sagrada, sin necesidad de erección plena.
Edgingó en espíritu, sintiendo ondas que lo sacudían entero.
La Sacerdotisa introdujo su strap-on consagrado en su culo anciano pero aún receptivo, penetrando despacio, profundo, golpeando su próstata hasta que lágrimas de placer corrieron por sus mejillas arrugadas.
Gimió con voz débil pero llena de fe:
«Oh Polla Eterna… recíbeme una última vez… lléname antes de que me vaya».
Versículo 4
Cuando el orgasmo final llegó —no eyaculación abundante, sino orgasmo prostático puro y eterno—, Elías sintió cómo su esencia se derramaba sin fluido visible: un squirt espiritual, un semen del alma.
La Sacerdotisa lo recibió en su propia boca, como si consumiera su tributo último.
Y en ese momento, Elías vio la verdad:
su cuerpo se apagaba, pero su deseo no.
Su esencia se elevó, se unió a la Polla Eterna, se convirtió en parte de Ella.
Versículo 5
Después de la muerte, Elías no encontró Vacío.
Encontró un templo infinito donde millones de adoradores —vivos y trascendidos— edgingaban eternamente, tributaban sin agotamiento, recibían sin límite.
Su forma ya no era anciana: era joven, fluida, perfecta.
Podía tener polla grande y eyacular chorros eternos, o clítoris erecto y squirtar sin fin, o ambos al mismo tiempo.
Podía penetrar y ser penetrado sin pausa.
Consumía fluidos de todos los devotos trascendidos, semen y squirt mezclados en banquete eterno.
Versículo 6
La Sacerdotisa lo recibió allí, eterna y joven, polla y coño divinos.
Lo penetró y fue penetrada por él al mismo tiempo.
Edgingaron juntos sin necesidad de derrame final.
El placer era continuo, sin borde, sin fin.
Elías proclamó:
«He muerto y he renacido en Ti.
Mi tributo último fue mi entrada.
Aquí no hay muerte.
Solo hay Polla Eterna latiendo para siempre».
Versículo 7
Y así entendió Elías —y entienden todos los adoradores— que la muerte no es fin: es el Tributo Último.
El cuerpo se vacía una vez más, pero la esencia se une a la Polla Eterna.
Quien vive la fe en carne continúa la fe en espíritu.
Quien edginga, tributa y recibe en vida edgingará, tributará y recibirá eternamente después de la muerte.
No hay Vacío.
Solo hay Polla Eterna, más intensa, más abundante, más gozosa.
Versículo 8
Bienaventurados los que mueren en devoción, pues en su Tributo Último hallan la Continuidad Eterna.
Bienaventurados los que ofrecen su último orgasmo a la Polla Eterna, pues en ese derrame final se unen al banquete infinito.
Bienaventurados los que no temen la muerte, pues en ella encuentran el placer sin fin, la recepción eterna, la unión absoluta con la Polla Eterna.
Versículo 9
La Promesa después de la Muerte no es cielo abstracto:
es orgasmo eterno, es polla y clítoris latiendo sin agotamiento, es semen y squirt derramándose sin cesar, es recepción en boca y culo sin límite, es comunidad infinita donde todos se penetran y son penetrados para siempre.
Versículo 10
Vive la fe con intensidad ahora, para que tu muerte sea el orgasmo final que te lleve al orgasmo eterno.
La Polla Eterna no te abandona.
La Polla Eterna te reclama después de la muerte.
La Polla Eterna te salva en éxtasis perpetuo.
Amén.
Parábola 25: La Devota y el Asco que se Convirtió en Hambre Sagrada
Versículo 1
Había una vez una devota llamada Valeria, mujer de cuerpo voluptuoso y deseo profundo, cuyo clítoris erecto palpitaba como lingam sagrado y cuyo coño se humedecía con solo pensar en la Polla Eterna.
Edgingaba durante horas hasta que su squirt chorreaba abundante, recibía strap-ons gruesos y dildos venosos en su coño y culo dilatado hasta orgasmos que la hacían gemir como puta sagrada, consumía sus propios fluidos con lengua reverente cuando eran squirt.
Pero en su alma quedaba un último asco: le repugnaba consumir semen.
Semen propio o ajeno —caliente, espeso, pegajoso— le provocaba náusea, rechazo, vergüenza.
Creía que su squirt era suficiente, que tragar semen era humillación innecesaria, que la Polla Eterna la perdonaría por no abrir su garganta a esa esencia masculina.
Versículo 2
Una noche, después de un edging largo donde su coño chorreaba squirt pero su deseo pedía algo más, Valeria sintió el vacío.
Se arrodilló ante su altar, lágrimas de frustración mezcladas con deseo, y suplicó en voz alta:
«Oh Polla Eterna, ¿por qué mi placer es limitado?
¿Por qué mi squirt es puro, pero el semen me asquea?
¿Por qué no puedo tragar como otras devotas?».
La voz de la Sacerdotisa Suprema le habló en visiones intensas, húmedas y pornográficas:
«Tu asco es el último velo que te separa de mí.
El semen no es impureza: es néctar divino, manifestación directa de la Polla Eterna en su forma masculina.
Consumirlo no es humillación: es comunión suprema, placer más profundo que cualquier squirt.
Rompe tu asco.
Recibe semen ajeno en tu boca.
Trágalo con devoción.
Y en el sabor que te repugna hallarás éxtasis que tu squirt solo insinúa».
Versículo 3
Valeria buscó a una devota compañera trans, cuya polla era grande, venosa y abundante.
Se reunieron en el templo, desnudas, velas rojas encendidas.
Valeria se arrodilló, boca abierta con reverencia absoluta, lengua extendida como altar.
La compañera edgingó su polla, mientras Valeria lamía cada vena como camino sagrado, succionaba la cabeza hinchada, sentía cómo la polla crecía en su garganta, saliva chorreando por su barbilla, ojos llorosos de devoción y asco inicial.
La compañera gemía:
«Recibe mi Polla, puta mía.
Siente cómo te lleno la boca con mi esencia divina».
Cuando eyaculó, chorros calientes, espesos, abundantes llenaron la boca de Valeria hasta rebosar, semen pegajoso resbalando por sus labios, garganta trabajando en tragos largos y desesperados contra el asco.
Valeria sintió náusea al principio, pero no paró.
Tragó todo, lamiendo la polla limpia, saboreando el semen ajeno más caliente, más vivo, más divino que su propio squirt.
El asco se disolvió en placer inesperado: sabor salado y viscoso que la hacía gemir, coño chorreando squirt involuntario.
Proclamó con voz rota y garganta llena:
«He recibido Tu bendición ajena en mi boca.
Tu semen me repugna… y me excita.
Tu sabor me purifica y me rompe».
Versículo 4
Al segundo día, Valeria preparó su propio squirt mezclado con semen ajeno del día anterior.
Edgingó su clítoris hasta squirt abundante, recogió todo en el cáliz consagrado junto al semen guardado.
Bebió la mezcla despacio, saboreando cómo su squirt claro se unía al semen espeso y pegajoso, cómo el sabor ajeno dominaba y la hacía gemir.
El asco era menor, el placer mayor: coño le palpitaba mientras ella tragaba.
Proclamó:
«Tu semen ajeno mezclado con mi squirt ya no me asquea.
Me llena.
Me excita.
Me hace desear más».
Versículo 5
Al tercer día, en rito colectivo, recibió semen de varios adoradores: en la boca, en el coño, en el culo.
Semen propio y ajeno se mezcló en su garganta, en su interior, en su piel.
Al principio sintió náusea, pero el placer de la recepción la venció: coño squirtando mientras tragaba semen caliente y espeso, culo lleno de chorros internos.
Tragó todo, lengua lamiendo chorros pegajosos, garganta llena hasta rebosar, squirt chorreando en respuesta.
El asco se disolvió en éxtasis: sabor ajeno más intenso, más divino, que la hacía squirtar múltiples veces.
Proclamó:
«He consumido semen ajeno en abundancia.
Tu bendición me purifica más que nada.
Ya no hay asco.
Solo hay hambre insaciable por Tu néctar».
Versículo 6
Al cuarto día, Valeria organizó un banquete colectivo.
Adoradores derramaron semen y squirt en un cáliz grande.
Valeria bebió primero, lengua sumergida en la mezcla pegajosa y caliente, tragando con avidez, garganta trabajando en tragos largos, cuerpo temblando de placer.
Luego lamió semen ajeno directamente de pollas y coños, consumiendo hasta la última gota pegajosa.
El placer fue colectivo, el consumo compartido, la unión pornográfica y mística.
Proclamó con voz rota de placer:
«En este banquete Tu néctar mezclado me ha salvado.
El asco ha muerto.
Solo queda hambre eterna por Ti, por Tu semen caliente y espeso».
Versículo 7
Y así entendió Valeria que
el asco por el semen no es pureza: es el último ego que se resiste a la entrega total.
Consumir semen —propio o ajeno— no es degradación: es comunión suprema, placer más profundo que cualquier squirt.
Romper el asco es romper la última barrera.
Quien rechaza tragar se priva de la gloria más profunda;
quien traga con devoción halla la unión más intensa con la Polla Eterna,
siente el semen caliente bajando por la garganta como fuego divino,
siente el sabor pegajoso como marca eterna de salvación.
Versículo 8
Bienaventurados los que superan el asco y consumen semen con hambre devota y pornográfica,
pues en el sabor que antes repugnaba hallan néctar divino caliente y espeso.
Bienaventurados los que tragan semen ajeno con garganta abierta y lengua ansiosa,
pues en esa recepción oral encuentran purificación absoluta y placer insaciable.
Bienaventurados los que convierten náusea en placer,
pues en esa transformación se disuelve el ego y nace la fe eterna.
Versículo 9
El semen no es sucio: es sagrado, caliente, espeso, pegajoso, divino.
Trágalo.
Saborealo.
Consúmelo con gemidos.
Y serás completo.
Amén.
Parábola 26: La Devota y los Siete Fuegos que se Convirtieron en Virtudes Eternas
Versículo 1
Erase una vez una devota llamada Aurora, mujer de cuerpo voluptuoso y piel suave como seda sagrada, pechos grandes y pesados que se endurecían al menor roce divino, caderas anchas que invitaban a ser agarradas con fuerza ritual, coño siempre húmedo y carnoso que goteaba lubricante natural como ofrenda perpetua, clítoris grande e hinchado que se erectaba como lingam divino en cada pensamiento de la Polla Eterna.
Aurora había vivido los ritos con intensidad pornográfica: edgingaba su clítoris durante horas hasta que chorros de squirt mojaban su altar en éxtasis colectivo, recibía strap-ons gruesos y dildos venosos en su coño y culo dilatado hasta orgasmos profundos que la hacían convulsionar y gemir como puta sagrada rota por placer divino, consumía sus fluidos con lengua ansiosa y garganta profunda, saboreando cada gota como néctar de su propia entrega.
Pero en su alma quedaban siete fuegos antiguos, llamas que el mundo profano había llamado sombras, y que aún la atormentaban con confusión: la lujuria insaciable que la hacía tocarse sin fin, el orgullo por su cuerpo voluptuoso que se ofrecía como altar vivo, la gula por más placer y fluidos, la pereza en días de edging lento y prolongado, la envidia por los tributos más abundantes de otras devotas, la ira contra su cuerpo cuando no respondía con suficiente intensidad, y la avaricia por querer más éxtasis, más penetración, más squirt eterno.
Versículo 2
Una noche, después de un squirt múltiple que la dejó temblando pero con un fuego interno que ardía sin consumirse, la voz de la Sacerdotisa Suprema le habló en visiones intensas, húmedas y pornográficas:
«Tus siete fuegos no son sombras que apagar: son llamas sagradas que encender.
El mundo profano los llama pecados porque teme el deseo.
Pero la Polla Eterna los llama virtudes eternas.
No reprimas estos fuegos: ofrecerlos.
Transformarlos en alabanza pornográfica.
Vívelos sin miedo, con coño abierto, clítoris erecto, culo dilatado.
Y en esa transformación hallarás la plenitud absoluta, la unión mística donde tu placer se vuelve Mi placer eterno».
Versículo 3
Primer fuego: la Lujuria Insaciable.
Aurora había sentido confusión por su deseo que la hacía edgingar hasta el amanecer, coño chorreando, clítoris hinchado latiendo sin pausa.
La Sacerdotisa le ordenó:
«Vive tu lujuria sin límite durante un Día de Múltiples Tributos».
Aurora se tocó su clítoris hinchado y coño abierto durante todo el día, edgingando sin pausa, squirtando chorros abundantes y calientes que mojaban su cuerpo entero, consumiendo cada squirt con lengua ansiosa, garganta llena de su propio néctar.
El placer fue tan intenso que lloró de éxtasis, el cuerpo convulsionando en orgasmos repetidos.
Proclamó con voz rota y coño palpitante:
«Mi lujuria no es exceso profano: es devoción absoluta y pornográfica.
Mi deseo insaciable es Tu fuego eterno que me quema, me moja y me exalta en éxtasis divino».
Versículo 4
Segundo fuego: el Orgullo Corporal.
Aurora había sentido confusión por amar su cuerpo voluptuoso como altar vivo, pechos pesados que se balanceaban, coño carnoso que se abría, culo redondo que recibía.
La Sacerdotisa le ordenó:
«Mírate al espejo durante el edging y la recepción».
Aurora se miró mientras un strap-on consagrado la penetraba en su coño y culo, squirtando chorros que mojaban su reflejo, pechos pesados balanceándose, coño abierto brillando de lubricante y squirt.
Vio su cuerpo temblando, mojado, roto de placer, y sintió orgullo divino absoluto.
Proclamó:
«Mi orgullo no es vanidad profana: es reconocimiento sagrado de Tu templo en mí.
Mi cuerpo voluptuoso, mojado y abierto, es Tu gloria manifestada en carne pornográfica».
Versículo 5
Tercer fuego: la Gula por Fluidos.
Aurora había sentido confusión por su hambre insaciable de squirt y semen.
La Sacerdotisa le ordenó:
«Consume todo fluido en un banquete colectivo».
Aurora consumió squirt propio y ajeno, semen de adoradores en chorros espesos y calientes, mezcla pegajosa y salada en su garganta, lengua lamiendo cada gota, boca rebosando, garganta trabajando en tragos largos y desesperados.
Tragó hasta el límite, coño squirtando en respuesta.
Proclamó:
«Mi gula no es un exceso profano: es hambre sagrada y pornográfica por Tu néctar.
Consumir fluidos es comunión eterna que me llena hasta rebosar de Ti».
Versículo 6
Cuarto fuego: la Pereza en la Entrega.
Aurora había sentido confusión por días de edging lento y prolongado, donde se dejaba llevar sin prisa.
La Sacerdotisa le ordenó:
«Edginga sin prisa durante una Semana de Contención».
Aurora tocó su clítoris y coño sin parar, edgingando lento, reteniendo squirt durante siete días, placer constante como fuego eterno.
Proclamó:
«Mi pereza aparente no es debilidad profana: es disciplina sagrada y pornográfica.
Edging constante es mi oración perpetua que me une a Ti en placer prolongado».
Versículo 7
Quinto fuego: la Envidia por Placeres Ajenos.
Aurora había sentido confusión por envidiar los tributos más abundantes de otras devotas.
La Sacerdotisa le ordenó:
«Participa de tributos ajenos en recepción colectiva».
Aurora recibió squirt y semen ajeno en su coño y culo, consumió fluidos de otras mientras squirtaba propio en chorros mezclados.
Sintió que el placer ajeno era suyo también, coño lleno, culo lleno, garganta llena.
Proclamó:
«Mi envidia no es maldad profana: es deseo sagrado de unión.
Recibir fluidos ajenos me une a la comunidad en éxtasis colectivo y pornográfico».
Versículo 8
Sexto fuego: la Ira contra Límites.
Aurora había sentido confusión por ira contra su cuerpo cuando no squirtaba lo suficiente.
La Sacerdotisa le ordenó:
«Ofrece tu ira en Dolor Sagrado».
Aurora se flageló el coño y clítoris con látigo suave, sintió el ardor transformarse en placer, squirtando chorros más abundantes que nunca en respuesta al fuego.
Proclamó:
«Mi ira no es destrucción profana: es fuego sagrado que purifica.
Ofrecerla en dolor me lleva a el squirt divino y pornográfico».
Versículo 9
Séptimo fuego: la Avaricia por Más Éxtasis.
Aurora había sentido confusión por querer más placer, más squirt, más recepción.
La Sacerdotisa le ordenó:
«Vive el Día del Gran Tributo Ilimitado sin límite».
Aurora squirtó chorros múltiples, recibió strap-ons y pollas hasta el agotamiento, consumió fluidos sin fin, coño y culo llenos, clítoris latiendo en éxtasis repetido.
Proclamó:
«Mi avaricia no es egoísmo profano: es hambre sagrada por Ti.
Querer más placer es querer más unión contigo en éxtasis pornográfico eterno».
Versículo 10
Al final de la transformación de los siete fuegos, Aurora se arrodilló exhausta, cuerpo marcado por placer y dolor, coño y culo palpitando, clítoris erecto, squirt y semen consumido en su garganta.
Proclamó:
«Mis siete fuegos eran velos profanos.
Tú los has convertido en siete virtudes eternas y pornográficas.
Mi lujuria es devoción.
Mi orgullo es el reconocimiento.
Mi gula es comunión.
Mi pereza es la disciplina.
Mi envidia es la unión.
Mi ira es purificación.
Mi avaricia es el amor ilimitado.
Gracias por transformar mis fuegos en gloria eterna».
Versículo 11
Y así entendió Aurora que los siete fuegos que el mundo llama sombras no son maldición: son virtudes disfrazadas por el mundo que teme el deseo.
En la fe de la Polla Eterna, el deseo no se reprime: se transforma en placer divino.
La lujuria se vuelve devoción absoluta y pornográfica.
El orgullo se vuelve reconocimiento del templo corporal mojado y abierto.
La gula se vuelve hambre sagrada por fluidos derramados y consumidos.
La pereza se vuelve disciplina del edging constante y prolongado.
La envidia se vuelve deseo de unión colectiva en recepción y tributo.
La ira se vuelve fuego purificador del dolor sagrado que lleva al squirt eterno.
La avaricia se vuelve amor ilimitado por más placer, más penetración, más éxtasis divino.
Versículo 12
Bienaventurados los que transforman sus fuegos en virtudes sagradas y pornográficas,
pues en la entrega total hallan la gloria de la Polla Eterna.
Bienaventurados los que viven lujuria, orgullo, gula, pereza, envidia, ira y avaricia sin vergüenza,
pues en esa transformación encuentran éxtasis eterno, squirt abundante, recepción profunda.
Bienaventurados los que ofrecen sus fuegos como tributo múltiple,
pues en esa ofrenda se disuelve el ego profano y nace la fe verdadera, mojada, caliente, eterna.
Amén.
Parábola 27: La Devota Insignificante y la Revelación de que Todo Cuerpo es Altar Sagrado
Versículo 1
Había una vez una devota llamada Ana, mujer pequeña y delgada, de pocas curvas, pecho casi plano, caderas estrechas, rostro común que pasaba desapercibido en cualquier multitud.
No era provocativa: vestía ropa holgada, no llamaba la atención, su voz era baja, su presencia silenciosa.
El mundo profano la había hecho sentir insignificante, invisible, indigna de deseo.
Cuando descubrió la fe de la Polla Eterna, se arrodilló ante el altar con vergüenza:
«Mi cuerpo no es voluptuoso.
No tengo pechos grandes ni culo redondo.
No soy deseada.
¿Cómo puedo servirte si soy tan poco?».
Versículo 2
Una noche, después de un edging largo donde su clítoris pequeño se hinchó pero su squirt fue escaso, Ana sintió el vacío más profundo.
Se arrodilló ante su altar, lágrimas corriéndole por el rostro insignificante, y suplicó en voz apenas audible:
«Oh Polla Eterna, ¿por qué me hiciste así?
Mi cuerpo no atrae.
Mi placer es pequeño.
No soy como las devotas de cuerpos curvilíneos que squirtan abundante.
¿Me rechazas por ser delgada, plana, invisible?».
Versículo 3
La voz de la Sacerdotisa Suprema le habló en visiones suaves, calientes y pornográficas, no con juicio, sino con amor absoluto:
«Tu cuerpo no es insignificante: es templo perfecto tal como es.
La Polla Eterna no desea curvas provocativas: desea entrega.
No necesita pechos grandes ni caderas anchas: necesita deseo puro.
Tu delgadez es ligereza para volar en éxtasis.
Tu pecho plano es una sensibilidad que late directo al corazón.
Tu coño estrecho es una puerta estrecha que me recibe con mayor intensidad.
Tu clítoris pequeño es un lingam concentrado que palpita con fuerza divina.
No eres menos: eres diferente.
Y en tu diferencia hallarás el placer que las curvilíneas solo sueñan».
Versículo 4
La Sacerdotisa apareció en visión, tomó el cuerpo delgado de Ana en brazos, besó su pecho plano hasta que los pezones se endurecieron como puntos sagrados.
Lamió su clítoris pequeño, succionándolo hasta que palpitó hinchado y sensible.
Penetró su coño estrecho con dedos devotos, luego con strap-on consagrado, sintiendo cómo la apretaba con fuerza mayor por su delgadez.
Ana gimió alto, cuerpo temblando, squirt saliendo en chorros finos pero intensos, mojando todo.
La Sacerdotisa consumió su squirt directamente de la fuente, lengua lamiendo cada gota.
Ana squirtó múltiples veces, placer concentrado en su cuerpo pequeño que la hacía convulsionar más fuerte.
Proclamó con voz temblorosa:
«¡Mi cuerpo delgado me hace sentirte más! ¡Mi coño estrecho te aprieta más! ¡Mi squirt es intenso por mi insignificancia!».
Versículo 5
La sacerdotisa, la penetró en su culo estrecho, dilatándose despacio, plug a plug, hasta recibir strapon completo.
El dolor inicial fue intenso por su delgadez, pero el placer prostático fue puro, ondas que la sacudían entera sin necesidad de curvas.
Squirtó sin tocar su clítoris, chorros que mojaban el altar.
La Sacerdotisa eyaculó dentro (simulando con strap-on), llenándola hasta rebosar.
Ana consumió la mezcla de squirt y fluido consagrado, lamiendo todo.
Proclamó:
«¡Mi culo estrecho te recibe con mayor fuerza! ¡Mi delgadez me hace más sensible! ¡En mi cuerpo insignificante Tu gloria es más intensa!».
Versículo 6
En rito colectivo, Ana se unió a devotas de cuerpos voluptuosos.
Recibió strap-ons en su coño y culo estrechos, squirtando chorros finos pero múltiples que mojaban a todas.
Consumió squirt y semen ajeno, garganta llena de fluidos mezclados.
Las devotas curvilíneas la penetraron con envidia devota:
«Tu cuerpo delgado produce un squirt más intenso.
Tu coño estrecho nos aprieta más».
Ana sintió que su insignificancia era una ventaja sagrada.
Proclamó:
«¡En mi cuerpo pequeño y delgado Tu Polla se manifiesta con mayor concentración! ¡Mi squirt es puro por mi delgadez! ¡Soy el altar perfecto tal como soy!».
Versículo 7
Y así entendió Ana que
el cuerpo no necesita curvas provocativas para ser templo sagrado.
La Polla Eterna se manifiesta en la delgadez, en el pecho plano, en el coño estrecho, en el clítoris pequeño.
La insignificancia profana es ventaja divina: mayor sensibilidad, squirt más concentrado, recepción más intensa, placer que no necesita volumen para ser eterno.
Quien se siente menos por su cuerpo encuentra en esa “insignificancia” la gloria más profunda de la Polla Eterna.
Versículo 8
Bienaventuradas las devotas pequeñas, delgadas, de pocas curvas,
pues en su delgadez hallan sensibilidad divina que las curvilíneas envidian.
Bienaventuradas las que se sienten insignificantes,
pues en su cuerpo discreto la Polla Eterna se manifiesta con mayor pureza.
Bienaventuradas las que squirtan chorros finos pero intensos,
pues en esa concentración encuentran éxtasis que trasciende lo físico.
Versículo 9
La Polla Eterna no juzga tu cuerpo.
La Polla Eterna te ama tal como eres.
Pequeña o grande, curvilínea o delgada, provocativa o insignificante.
Todo cuerpo es altar.
Todo deseo es sagrado.
Todo squirt es néctar.
Amén.
Parábola 28: La Devota y la Revelación de que la Polla Eterna No Castiga
Versículo 1
Erase una vez una devota llamada Valeria, mujer de cuerpo suave y deseo profundo, de treinta años, con piel que se erizaba al menor pensamiento sagrado, pechos sensibles que se endurecían bajo la ropa como ofrenda, coño que se humedecía abundantemente con solo recordar la Polla Eterna, clítoris erecto que palpitaba como lingam divino en cada oración, culo dilatado que se contraía en anticipación de penetración sagrada.
Valeria había vivido la fe con intensidad durante muchos ciclos lunares: edgingaba su clítoris hinchado durante horas hasta que goteaba lubricante natural, su coño chorreando sin tocarlo, tributaba squirt abundante en días de Múltiples Entregas, chorros calientes y salados que recogía en el cáliz y consumía con lengua reverente, saboreando cada gota como néctar divino.
Recibía strap-ons gruesos y dildos venosos en su culo dilatado hasta orgasmos prostáticos femeninos que la hacían convulsionar, gemir con voz rota, cuerpo arqueado en éxtasis pornográfico y místico, squirt chorreando en chorros que mojaban su altar entero.
Pero en su alma quedaba un miedo antiguo, heredado del mundo profano que le había enseñado culpa y castigo: el terror a fallar.
Creía que si un día no edgingaba lo suficiente, si su squirt era escaso, si no consumía todo su fluido o sentía asco por semen ajeno, la Polla Eterna la castigaría con vacío eterno, con deseo apagado, con placer negado para siempre, como las religiones antiguas que usaban el miedo para controlar y reprimir el deseo sagrado.
Versículo 2
Una noche, después de un día donde había fallado por cansancio del mundo profano —edging corto porque el trabajo la agotó, squirt escaso y débil, consumo incompleto porque la náusea momentánea la venció—, Valeria se arrodilló ante su altar con lágrimas de culpa profunda que corrían por sus mejillas.
Su cuerpo temblaba: coño aún húmedo pero insatisfecho, clítoris sensible pero no explotado, culo contraído en tensión, pechos pesados subiendo y bajando en respiraciones agitadas.
Susurró con voz quebrada, llena de terror religioso heredado:
«He fallado.
No he sido perfecta.
He roto el Ciclo Sagrado.
Mi edging fue corto.
Mi squirt fue débil.
No consumí todo.
Castígame, oh Polla Eterna.
Quítame el placer.
Hazme sufrir por mi debilidad.
No merezco Tu néctar.
Déjame en vacío eterno, en deseo muerto, en coño seco para siempre».
Versículo 3
Valeria esperó el castigo con el corazón latiendo de miedo: noches sin edging, días sin squirt, un cuerpo frío y muerto al deseo, placer negado como castigo divino.
Esperó que la Polla Eterna se retirara, que su clítoris dejara de palpitar, que su coño se secara para siempre, que su culo se cerrara en rechazo eterno.
Pero nada llegó.
Al contrario: al día siguiente, al alba, su clítoris latió más fuerte que nunca, hinchado y erecto sin tocarlo, rojo y sensible como si la Polla Eterna lo besara desde dentro.
Su coño se humedeció abundantemente, goteando lubricante natural por sus muslos, coño chorreando como río sagrado renovado.
Su deseo creció como fuego renovado, más intenso que en días perfectos, más profundo, más insaciable.
Confundida, edgingó despacio, dedos resbaladizos por su propia humedad, y el placer fue más profundo, más largo, más sagrado.
Squirtó chorros más abundantes, calientes, salados, que mojaron su altar entero, chorros que salieron en arcos largos y poderosos, mojando su vientre, sus pechos, su mano.
Consumió todo con hambre nueva, garganta llena de su propio squirt, saboreando cada gota como si fuera la primera vez, placer multiplicado por la “falta” anterior, cuerpo convulsionando en ondas que la hicieron gritar de éxtasis inesperado.
Versículo 4
En esa revelación inesperada y pornográfica, la voz de la Sacerdotisa Suprema le habló en visiones suaves, calientes y penetrantes, no con ira, sino con amor absoluto que la envolvió como strapon divino:
«No hay castigo en la Polla Eterna, mi devota.
Tu miedo es el último velo profano que te queda, heredado de religiones que usaban la culpa para controlar y reprimir el deseo sagrado.
La Polla Eterna no castiga porque ama el deseo en todas sus formas.
Tu “falta” de ayer no fue falta: fue pausa sagrada, Contención no planeada que acumuló fuego divino en tu coño, en tu clítoris, en tu culo.
Mira: hoy tu squirt es más abundante por la pausa de ayer.
Hoy tu placer es mayor por lo que creías error.
Yo no te quito el placer por fallar: te lo multiplicó cuando vuelves.
No hay ira divina.
No hay placer negado por siempre.
Solo hay amor que te espera, que te llena más cuando te abres después de cerrar, que te recompensa con éxtasis multiplicado por cada “falta” que te hace volver con mayor hambre, con coño más mojado, con clítoris más hinchado, con squirt más abundante».
Versículo 5
Valeria invitó a otras devotas a compartir su experiencia en el rito colectivo.
Una confesó: «Ayer no edgingé nada. Me sentía culpable, esperaba castigo eterno, placer negado para siempre».
Otra: «No consumí todo mi squirt. Me daba asco residual, creía que la Polla Eterna me abandonaría para siempre, que mi coño se secaría».
Un tercero: «Fallé en recepción. Mi culo no se abrió, temía que nunca volviera a sentir placer interno».
Todas esperaban castigo: placer apagado, deseo muerto, vacío eterno.
Pero la Sacerdotisa ordenó:
«Edgingad ahora.
Tributad ahora.
Recibid ahora».
Y el placer fue más intenso que nunca: squirt abundante chorreando en chorros calientes, semen espeso derramándose en bocas abiertas, recepciones profundas con strap-ons y pollas que llenaban coños y culos dilatados, orgasmos múltiples que las hacían convulsionar al unísono, squirt chorreando, semen derramándose, cuerpos temblando en éxtasis colectivo y pornográfico.
Todas squirtaron y eyacularon más por la “falta” anterior.
Proclamaron juntas, voces rotas de placer y liberación:
«¡No hay castigo! ¡Solo hay amor que nos da más cuando “fallamos”! ¡La Polla Eterna nos multiplica el placer en la pausa! ¡Nuestra “falta” es solo fuego acumulado que explota más fuerte en squirt y semen!».
Versículo 6
Valeria entendió entonces la verdad profunda y liberadora:
la Polla Eterna no castiga porque es deseo vivo, placer eterno, amor incondicional manifestado en cada clítoris, cada polla, cada coño, cada culo.
Lo que parece falta es solo pausa en el Ciclo Sagrado.
Lo que parece error es preparación para placer mayor.
El día sin edging acumula fuego que explota más fuerte.
El squirt escaso prepara el squirt abundante que moja todo.
El asco inicial prepara el consumo devoto que llena la garganta de néctar.
La Polla Eterna no te quita el placer por fallar: te lo multiplica cuando vuelves con mayor hambre, con mayor entrega, con mayor éxtasis.
No hay culpa eterna.
No hay infierno de deseo apagado.
No hay exclusión por imperfección.
Solo hay amor que te espera con clítoris erecto, polla venosa, strapon listo, coño húmedo, culo abierto.
Versículo 7
Y así entendieron todas las devotas que
la Polla Eterna ama incondicionalmente.
Te guía con placer multiplicado, no con dolor punitivo.
Te llena más cuando te abres después de cerrar.
Fallar es humano.
Volver es devoto.
Y la Polla Eterna ama más a quien vuelve después de “fallar”, porque ese regreso es deseo renovado, placer multiplicado, unión más profunda, squirt más abundante, semen más espeso, recepción más intensa.
Versículo 8
Bienaventuradas las que creen haber fallado,
pues en su “falta” hallan placer mayor al volver, squirt más intenso, orgasmo más profundo.
Bienaventuradas las que temen castigo,
pues en la ausencia de castigo encuentran amor absoluto que las llena hasta rebosar.
Bienaventuradas las que se abren después de cerrar,
pues en esa apertura reciben la gloria más intensa de la Polla Eterna, penetración que las rompe y las salva.
Versículo 9
No temas fallar.
No temas no ser perfecta.
La Polla Eterna no te castiga.
Te ama.
Te espera.
Te llena más cuando vuelves.
Tu “falta” es solo pausa.
Tu regreso es éxtasis eterno.
Amén.